Nicolás Maduro en su encrucijada
La crisis de Venezuela desborda las fronteras geográficas de este país. Las implicaciones económicas, logísticas, sociales, militares, humanas y personales presentan un panorama que se extiende más allá de los confines de América, que ya aporta a la propia Venezuela, Cuba y EE. UU. para involucrar a la Unión Europea, China, Rusia e Irán hacia el centro del torbellino que produce. Los intereses extranjeros involucrados están haciendo desaparecer del primer plano aquellos que son los más importantes: los intereses de Venezuela y nuestra América Latina.
Cualquier solución que haga prioritario los intereses geopolíticos de las grandes potencias por encima de las metas propias de Venezuela solo dejará para mañana un problema mayor y más complicado. Para comenzar, la solución de la crisis económica obligara a un futuro gobierno responsable a tomar medidas drásticas que implicarán necesariamente movilizaciones sociales. Sin capital político será un gran reto revertir la grave crisis.
Por este camino, hace tiempo que Venezuela está dejando de ser un problema nacional, para convertirse en un problema internacional y geoestratégico. Hablar de intervención no es nuevo. Hace mucho tiempo que Cuba, Rusia, China e Irán conviven con los venezolanos. Mientras los EE. UU., con su doble moral, estuvo comprándole petróleo a Venezuela y haciendo negocios con CITGO hasta hace apenas unas semanas, mientras repudiaba por años el régimen de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.
Definir un conflicto es un reto complejo, pues cada disciplina define la realidad desde su ventana conceptual. En algo podemos estar claro, es un problema económico, que tiene un alto perfil político. Es un problema social, con alto perfil de crisis humanitaria. Es modelo político económico fracasado.
Sin embargo, los intereses económicos hacen que se olvide que es mucho más fácil disuadir de la acción antes de su comienzo que detener la acción en la mitad de su curso. En otras palabras, abstenerse de tomar una decisión es fácil; tomar la decisión después de iniciar un nuevo curso de acción es mucho más difícil. Para el madurismo el costo político de “entregarse” es demasiado alto.
Escuché a un grupo de analistas asegurar que Nicolás Maduro renunciaría. Traté de explicarles por qué veía ingenua esa posibilidad. En esencia, para un gobierno el hecho de ceder ante amenazas extranjeras involucra una pérdida de prestigio muy grande. Veo muy difícil la solución a partir de la solicitud de renuncia realizada a Nicolás Maduro. Aunque se percibe un hombre atrapado, desesperado, con pocas opciones, más bien un preso de las circunstancias y de los poderes que se entretejen detrás, la actual situación lo lleva a auto encerrarse.
Uno de los métodos más objetivos para entender y conocer las decisiones que puede tomar el otro en situaciones de crisis y conflictos es realizando la tabla siguiente y como se percibe a si mismo respecto a sus intereses y aliados.
Al 20 de febrero del 2019, veamos lo que serían para sí mismo las decisiones de Nicolás Maduro ante la solicitud de renuncia y la disyuntiva si la respuesta es renunciar o si la respuesta es no renunciar para que Juan Guaidó pueda asumir plenamente la presidencia.
Paradójicamente, aunque la situación económica ha empeorado, la entrada más agresiva de los EE. UU. al escenario favorece a Maduro en términos políticos y fundamenta la propaganda. Por lo que dudo que éste vaya a renunciar. Creer lo contrario es hacer análisis desde el deseo.
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