Presidente Danilo Medina: usted tiene la palabra
El momento impone para enfrentar una crisis de esta dimensión, la concertación de un pacto entre el gobierno, los poderes públicos y el liderazgo político...
El boletín No. 24 de ayer domingo 12 registra que en el país la letalidad del coronavirus es de un 6%, una de las más altas del mundo. La población ha sido testigo de lo que se está viviendo en San Francisco de Macorís y en otras demarcaciones, a lo que se agrega la falta de medicamentos, de ventiladores, insuficientes lugares para el aislamiento de infectados con la atención adecuada.
La pandemia le ha quedado grande al gobierno y a un sistema de salud pública con muy baja inversión, pero sobre todo, sin la estructura y estrategias para la prevención y desmantelado en las últimas décadas por un proceso privatizador de factura peledeísta.
Lo grave es que, de seguir así, esta crisis sanitaria va para largo. A casi un mes del primer caso, solo se han practicado unas 9 mil pruebas del COVID-19, y en vez de impulsar una estrategia de prueba masiva y gratuita, siguiendo la línea de contacto de los infectados, se persiste solo hacerla a los que presentan síntomas cuando es bien sabido que hay portadores asintomáticos que precisamente por considerarse “sanos” son los más propensos a entrar en contacto y propagar el virus.
A todo lo anterior se agrega el proceso de crisis económica y social con el cierre de empresas, suspensión de cientos de miles de trabajadores, millones de trabajadores informales desocupados, producción sin poderse comercializar, especulación de productos de primera necesidad, tendencia al alza del dólar, caída de las recaudaciones fiscales, a lo que dentro de poco se puede añadir una parálisis de la producción y desabastecimiento.
Además, nos encontramos en medio de un proceso electoral para elegir presidente y legisladores y en este momento las elecciones se encuentran en un limbo.
Todas las condiciones están dadas para la tormenta perfecta.
La actitud del gobierno frente a la crisis en desarrollo ha sido la de actuar unilateralmente como “llanero solitario”. Es evidente que no se trata de un comportamiento inocente, sino que responde al propósito de aprovechar la crisis para posicionar un gobierno en pleno declive y por esa vía al candidato oficialista. Se trata de una actitud irresponsable que nos puede llevar al caos.
La presente crisis tampoco se puede enfrentar en una competencia clientelar entre los partidos de oposición y el gobierno, jugando a quien “da” más para ganarse la simpatía del electorado.
Lo que tenemos por delante es algo muy serio y grave. En Alianza País tenemos muy claro que nuestro papel es apoyar todo cuanto se haga bien a favor de la ciudadanía, al tiempo de exigir al gobierno que cumpla con sus responsabilidades y obligaciones. Por eso, lejos de hacer un uso electorero de la crisis, promovemos que se creen redes solidarias del liderazgo político, social y ciudadano de las comunidades para identificar las problemáticas concretas en lo sanitario y en lo social para exigir soluciones frente a las autoridades locales y nacionales.
El momento impone, para enfrentar una crisis de esta dimensión, la concertación de un pacto entre el gobierno, los poderes públicos y el liderazgo político, social y económico, en su diversidad de sectores.
Es Danilo Medina, como jefe del Estado quien debe convocarlo y presidir la concertación de ese pacto, pues es él quien dirige los ministerios que ejecutan las políticas públicas y maneja la ejecución del presupuesto, por lo menos hasta el cambio de gobierno.
El pacto tiene que definir las prioridades en función de evitar el menor costo en vida y padecimiento de la ciudadanía. Ahora, prioridades son: 1) Invertir lo que sea necesario para parar la pandemia; 2) detener la parálisis de la economía; 3) garantizar la seguridad alimentaria; 4) definir una estrategia para no cargar con el pago del capital e intereses de la deuda pública por lo menos en lo que resta del año; 5) adoptar las medidas para salvar el año escolar; 6) restructuración del presupuesto general del Estado que en este año 2020 va a ser administrado por dos gobiernos; 7) Establecer la fecha de las elecciones presidenciales y congresuales, con tiempo para garantizar una segunda vuelta y para que las nuevas autoridades tomen posesión el próximo 16 de agosto.
El pacto tiene que involucrar a todos los sectores y hacerlo de cara a la sociedad. Por tanto no puede ser un acuerdo de élites, negociado por debajo de la mesa. En la concertación de ese pacto tiene que participar no solo el liderazgo político sino también el liderazgo social y ciudadano, los trabajadores, los productores agropecuarios, la representación de la mujer y de los jóvenes, las Mipymes, el comercio, las entidades profesionales.
El pacto tiene que ser hecho con equidad: mayores sacrificios para los que más tienen. En la concertaron del pacto hay que partir de un supuesto: en este país, que todos los años exhibe un crecimiento por encima del 5% del PIB, hay recursos económicos suficientes para enfrentar esta crisis.
Se trata de buscar un pacto para establecer compromisos y responsabilidades colectivas y definir una ruta de superación de la crisis actual, que libere a la ciudadanía de la incertidumbre y alumbre una luz de esperanza en el camino que tenemos por delante.