República Dominicana: reprobada en los ODS

Un gobierno como el que preside Danilo Medina y los del peledé, asumen en lo formal estos compromisos, pero no de forma sincera y real.

En septiembre de 2000, bajo los auspicios de las Naciones Unidas, 191 jefes de Estado y de gobierno adoptaron la iniciativa conocida como Objetivos de Desarrollo del Milenio. Las metas propuestas no se alcanzaron. Pudo más la guerra, los intereses de las grandes potencias y de las corporaciones, que la búsqueda de la paz, la justicia social, la solidaridad y la colaboración entre las naciones.

En septiembre de 2015, de nuevo en el marco de Naciones Unidas, esta vez 193 países, adoptan los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) como una agenda de trabajo para alcanzar el desarrollo en el 2030. Se trata, esta vez, de 17 objetivos y 169 metas respecto de los problemas valorados como más urgentes que afectan a toda la humanidad y la existencia misma del planeta. Entre ellos: fin de la pobreza, hambre cero, salud y bienestar, educación de calidad, igualdad de género, agua limpia y saneamiento, energía asequible y no contaminante, trabajo decente y crecimiento económico, industria, innovación e infraestructura, reducción de las desigualdades, ciudades y comunidades sostenibles, producción y consumo responsables, acción por el clima, la paz e instituciones sólidas, entre muchos otros.

Dos conceptos-ejes articulan los ODS: uno, el de desarrollo sostenible, que refiere al compromiso de las generaciones presentes de actuar ahora para preservar habitable el planeta, legando a las futuras generaciones, superiores condiciones para el desarrollo de la vida. El otro, es el carácter transversal de los objetivos propuestos, lo que implica un abordaje en conjunto por la complementariedad que hay entre unos y otros.

Los estados asumieron el compromiso de integrar en sus políticas y planes nacionales los ODS, con el apoyo del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Al respecto, los Estados se comprometieron a crear un mecanismo nacional que rinda un informe voluntario que documente y dé seguimiento a los ODS. En nuestro país esa responsabilidad recayó en el Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo. En julio pasado se presentó un informe que, a pesar de los ingentes esfuerzos por maquillar la realidad, refleja cuan lejanos nos encontramos de alcanzar los ODS.

Se admiten los notables atrasos que arrastramos en materia de pobreza y servicios básicos.

La existencia de 1.3 millones de personas subalimentadas, incluyendo cerca de 70 mil menores que padecen desnutrición crónica.

Alta y sostenida tasa de mortalidad materna, de mortalidad infantil y de mortalidad neonatal.

Alta tasa de embarazo en adolescente.

Persistencia de muy bajo gasto público en materia de salud lo que se traduce en que las familias tienen que dedicar un elevado porcentaje de sus ingresos a este renglón.

Por más de una década persiste que un 5% de los niños entre 6 y 13 años no asisten a la escuela, quedando muchas veces para toda la vida fuera de la educación formal.

La cobertura de la educación secundaria es de apenas un 60% de los jóvenes en edad de asistir, lo que significa que un 40% de los adolescente y jóvenes que se inscriben en el nivel primario deserta antes o después de completar este ciclo.

La cobertura en educación inicial apenas representa un bajísimo 35% del universo de niños y niñas que debieran asistir a ella.

Un 25% de las mujeres ha padecido violencia y un 31% violencia emocional.

El 22% de las mujeres en edad económicamente activa está desempleada, es decir muy por encima de la media general de desempleo que se sitúa en un 14 %. Para las mujeres entre 15 y 24 años, la tasa de desempleo se eleva a un 55%.

Persistencia de una alta tasa de trabajo infantil representando un 13%.

Hay 93 mil hogares sin acceso al servicio eléctrico, sin entrar a evaluar los millares de hora/hogar sin energía eléctrica por causa de los constante y prolongados apagones.

En el país es muy bajo el consumo de energías renovables.

El país registra un déficit habitacional ascendente a 750 mil viviendas, sin contar la baja calidad de muchas de las viviendas habitadas.

En el país hay un 20% de la población que no tiene acceso al agua potable, sin evaluar las condiciones no apta para el consumo de las que se recibe en muchos lugares y que origina la compra masiva de agua embotellada.

Un gobierno como el que preside Danilo Medina y los del peledé, asumen en lo formal estos compromisos, pero no de forma sincera y real.

La mejor muestra es que teniendo el peledé casi 20 años en el gobierno, a pesar del “cacareado” crecimiento económico y de los billonarios recursos que han manejado, nada de esto se ha traducido en reales estrategias para impulsar un modelo de desarrollo integral e inclusivo, crear empleo decente, garantizar salarios justos. Se evidencia cada año en la ausencia de partidas presupuestarias que impulsen reales políticas públicas para combatir la pobreza y la pobreza extrema, la falta de oportunidades para la juventud, la persistencia de la violencia y discriminación contra la mujer.

Para los gobiernos del peledé y su proyecto continuista siempre será más rentable, la ignorancia, el clientelismo, las nominillas, el asistencialismo y la debilidad y secuestro de las instituciones democráticas.