Una clase media en la periferia

“En este documento, observamos la pobreza a través de dos lentes: uno que se centra en la profundidad y otro en la duración. El primero es estático, y analiza un panorama de la pobreza utilizando el valor del ingreso diario per capita (expresado en dólares estadounidenses de 2005 ajustados para reflejar la paridad de poder adquisitivo). Este divide a población en cinco grupos: (i) los pobres extremos, cuyo ingreso es menor a US$2,5; (ii) los pobres moderados, con un ingreso de entre US$2,5 y US$4; (iii) la clase vulnerable, que percibe entre US$4 y US$10; (iv) la clase media, cuyo ingreso es de entre US$10 y US$50..., y (v) la clase de altos ingresos, con un ingreso mayor a US$50.” BID, mayo 2015

La definición de la clase media ha sido objeto de un debate que aún no termina; todo depende del punto de partida, ya sea político, económico, social, o de cualquier otra naturaleza. Pero de lo que podemos estar seguros es que la definición utilizada por organismos internacionales –Banco Mundial, BID, etc.- no es la correcta. De acuerdo con esa definición, si una persona gana más de diez dólares al día debe considerarse como parte de la clase media. Veamos en la práctica lo que esto significa. Si alguien que se dedica a pedir limosnas en una de nuestras esquinas logra reunir quinientos pesos diarios, se le considera como un integrante de la clase media dominicana. El coquero del Malecón también clasificaría como clase media. Y así una gran proporción de chiriperos.

Pero veamos un segmento de la población más estable. Si alguien está empleado, y gana 12,000 pesos al mes, con los que no puede sustentar a su familia, también pertenece a la clase media. Todavía peor, si una familia de cuatro miembros –los padres, y dos niños en edad escolar- suman 24,000 pesos en salarios tipifican como clase media, no importa que con esos ingresos ellos no pueden ni siquiera cubrir el costo de la canasta familiar, la que, de acuerdo con los datos oficiales, alcanzaba un promedio de 27,968 pesos en agosto pasado. Es como para concluir que se trata de una caricaturización y ridiculización de lo que realmente es una clase media.

Para poner esto en una perspectiva más amplia, pensemos en el caso de Estados Unidos. De acuerdo con los estimados oficiales, una familia, cuyos ingresos anuales estén por debajo de los 24,000 dólares, es considerada como pobre. Bien, dirán algunos, pero el ingreso per capita de los norteamericanos es muy superior al dominicano. El propio Banco Mundial, el FMI y hasta la CIA estiman que el ingreso per capita de los norteamericanos se sitúa entre 54 y 55 mil dólares anuales –medidos a la paridad del poder de compra para facilitar las comparaciones internacionales- ; esas mismas estimaciones arrojan que en el caso dominicano el ingreso per capita está entre los 12 y 13 mil dólares. Es decir que el ratio entre ambos ingresos per capita es de 4.5 a favor de los vecinos del norte. Sin embargo, la línea de pobreza es 8.2 veces superior a la dominicana. O sea, tenemos una línea de pobreza generosamente baja –aunque la certifiquen esos organismos internacionales- que pudiera hacernos sentir complacidos con los magros avances que se han hecho en la lucha contra la pobreza, y que como corolario, la clase media resulta ampliamente abultada; como ha ocurrido con el reciente informe del Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo (MEPYD), cuando dice que “Para marzo de 2015, el porcentaje de la población pobre cayó a 25.9%, nivel este inferior al que el país tenía ante de la crisis bancaria, y el porcentaje de la población considerada como clase media se incrementó a 28.9%.” Resultados de esta magnitud deben ser considerados como milagrosos. De modo que se hacen necesarias algunas aclaraciones para mejorar sustancialmente la credibilidad de esos números, que lucen hechos con la prisa que da la urgencia del ciclo político.

Por ejemplo, ¿Cuándo se hicieron las encuestas para levantar las informaciones requeridas? ¿Quién las hizo? ¿Cuál fue el modelo econométrico utilizado para procesar esas informaciones? ¿Está el estudio validado por el Banco Mundial? ¿Cómo es posible que en el informe del Banco Mundial se hable de una bajísima movilidad social en República Dominicana y de repente nos sorprenda el MEPYD con una movilidad social que debe ser un ejemplo mundial? ¿Por qué no se describe explícitamente la metodología adoptada? ¿Está el MEPYD en la disposición de entregar los datos recolectados para que los expertos del área puedan hacer las correspondientes replicaciones, como se estila hoy día? Y como si esto fuera poco, queda la gran duda de cómo se asume una definición de la clase media a todas luces irrelevante, y que convierte en clase alta a todo aquel que tenga un ingreso mensual superior a los 115 mil pesos. Son definiciones que tratan de ocultar a una realidad demasiado obvia por lo abultada que es: una sociedad desigual y de baja movilidad, en donde curiosamente la clase media no está en el medio, está en la periferia.

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