Espejo de papel. - Barril de Diógenes

A Diógenes, el cínico, le bastaba un barril para vivir. La vida fuera del tonel, por la vanidad que adorna la condición humana, le mereció un burlón desprecio. Esa vanidad engendró el progreso con sus mil y una formas de acomodar la vida. El progreso, con mayor cinismo que el filósofo, hizo de esa humilde morada el cáliz de su sangre. Todos los días, en su sagrado nombre, bebemos miles de barriles de petróleo. En la eucaristía de la modernidad, el combustible fósil se transforma en sangre de la civilización. Moderemos ese consumo ritual, porque no hay petróleo barato.

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