Espejo de papel - Demostrar lo contrario
La insolidaridad es culpable del cólera en Haití. Las abundantes y esperanzadoras semillas de la promesa se descolgaron de los labios diplomáticos reunidos por la ONU cayendo en el terreno yermo del olvido. Las manos vacías de la comunidad internacional acarician las desgracias, pero no las solucionan. Lo que el mundo temía pasó, porque nadie intentó evitarlo. Un pueblo viviendo entre el cielo y la tierra, su techo los ahoga y su piso se los traga. Ahora entiendo aquella quejosa frase que solía escucharle a los propios obreros haitianos: Chancleta no e' zapato; haitiano no e' gente. Demostremos lo contrario. hfigueroa@diariolibre.com
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