Hay haitianos indocumentados hasta en la sopa
Las estadísticas se han convertido en expresión tan parecida a la realidad que muchas veces terminan suplantándola. El mundo es el que retratan las cifras: fidedigno, si las estadísticas que lo recogen son de calidad; espurio si están corrompidas.
Por eso conviene tener el mayor cuidado al dar a conocer estadísticas que chirrían, chocan con lo que la percepción señala. Cuando eso ocurre, puede que se esté en presencia de errores gruesos, intencionales o no.
Y no es que deba anteponerse la percepción o la intuición a la ciencia. Jamás. Pero sí poner la atención más rigurosa a resultados que rechinan ante una realidad distinta a la que pintan las cifras.
Un ejemplo de lo señalado son las estadísticas disponibles sobre inmigrantes ilegales. Veamos.
El Banco Mundial estima que la población haitiana que vivía en República Dominicana en el año 2010, ascendía a 279,216 personas.
Por su parte, la ENI 2012 indica que el número total de haitianos inmigrantes en 2012 ascendía a 458,233 personas, a las cuales habría que sumarle 209,912 nacidos en el país de ascendencia haitiana, para un total de 668,145 inmigrantes de ese origen.
Por otro lado, las cifras del Observatorio del Mercado Laboral Dominicano (OMLAD) elaboradas dos años después, es decir en 2014, registran 237,843 haitianos inmigrantes en el país. Es decir, casi la mitad de lo que calculó la ENI 2012.
Son cifras que difieren mucho entre sí. Quizás ninguna de ellas refleje fielmente la realidad. Y esto es una tragedia para un pueblo acosado por la presión inmigratoria creciente, que ni siquiera puede tener la tranquilidad de conocer la magnitud real del problema que lo acosa.
Ahora, el Ministerio de Economía y Desarrollo acaba de publicar un importante estudio titulado Serie Informe País. Es un esfuerzo muy loable y un trabajo de calidad.
Pero, ¿qué ocurre? En el perfil sobre Haití se asegura, en base a informaciones de la Organización Internacional para Migraciones para el año 2010, que a su vez utiliza cifras del Banco Mundial, que los emigrantes haitianos que vivían en los Estados Unidos en ese año representaban el 67% del total, mientras los establecidos en República Dominicana significaban sólo el 12.4%. También se afirma que las remesas enviadas por haitianos que vivían en República Dominicana representaban tan sólo el 11% del total de remesas recibidas por los hogares haitianos.
Estas cifras no coinciden con otras del propio Banco Mundial, según las cuales la población haitiana que vivía en 2010 en República Dominicana ascendía al 27.7% del total de emigrantes de esa nacionalidad esparcidos en el mundo (1,009,751 personas).
Lo peor es que estas estadísticas, extranjeras y locales, están subvaluando groseramente la contribución que hace este pequeño país dominicano a aliviar el drama haitiano, y sobrevalorando la que hacen los Estados Unidos y otras potencias como Francia y Canadá.
La observación común, la que se ejerce a simple vista, dice con gran claridad que la población de inmigrantes haitianos que vive en República Dominicana sobrepasa con holgura el millón de personas, y es, con mucho, la de mayor peso relativo con respecto a la emigración haitiana total. De igual manera, los flujos de remesas hacia Haití originados aquí luce que son los de mayor peso relativo. Pero, en ambos casos no es eso lo que reflejan las estadísticas internacionales, ni las locales. Y es parte de lo que hay que revisar.
Aquí hay haitianos metidos hasta en la sopa. Los hay en la zona rural, en el llano, en la loma, en las ciudades, en las playas. En la agropecuaria, construcción, comercio, servicios. En todo, y en número ascendente.
Hay tantos, que ya se animan a desafiar a colectivos de dominicanos, amparados en una presencia cada vez más visible y pesada, lo que provoca que se pierdan los miedos, si los hubiera habido, y se pase a la reclamación desenfadada de derechos, siempre legítimo, sobre todo si fuere acompañado por el porte de un permiso de trabajo, y no por un ingreso clandestino a la nación.
El convidado de piedra a esta situación es el pueblo dominicano, desalojado de sus oportunidades de empleo e ingresos, víctima de políticas y de mediciones que no reflejan adecuadamente el impacto de la tragedia que está viviendo.
Los hacedores de estadísticas y de políticas, tal vez no se atrevan o quizás se sientan desbordados e incapaces de medir y dar a conocer el verdadero número de haitianos inmigrantes en República Dominicana, lo que es un obstáculo muy serio para el diseño y aplicación de las decisiones públicas. Pero, por favor, no sigan subvalorando un problema que ya ha adquirido dimensiones mayúsculas.
Gimnasio en seco convertirá piscina del Centro Olímpico en obra de primer nivel de clavados
Haitianos se preguntan si tiene tierras raras tras el hallazgo en Pedernales
Dispositivo electrónico podría prevenir la cirugía Tommy John
Grandes Ligas destinó casi US$100 millones en prospectos dominicanos en 2024