Hechos
Las promesas ganan batallas, pero no las guerras de opinión pública. El tiempo es el peor enemigo de los anuncios entusiastas, porque el tiempo es indiferente y pasa. Las promesas son deudas. El plazo de honrar lo prometido es tan implacable e inevitable como el de pagar las deudas. Los gobernantes criollos, por costumbre o pereza, lo resuelven todo conjugando en futuro. Lo único que existe, para ellos, es el mañana. El mañana político, aquí, llega en cuatro años. La esperanza inicial se troca al final en profunda decepción. Lo que necesitamos son gobiernos de hechos y no de dichos. hfigueroa@diariolibre.com
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