Individualismo, egoísmo y colectivismo
"La idea de que el individualismo aprueba y fomenta el egoísmo humano es una de las razones principales de que muchas personas lo rechacen... desde este punto de vista, ningún término político ha sido tan maltratado como el término 'individualismo'" (F. A. Hayek, Individualismo: el verdadero y el falso)
En su ensayo sobre el Individualismo, Hayek plantea que existe un individualismo verdadero y otro falso. El primero tiene su origen en la representación que hicieron del pensamiento liberal los dos grandes filósofos de la política del siglo XIX, Tocqueville y Acton, quienes, siguiendo la tradición de Smith y Burke, plantearon una teoría de la sociedad con el interés de identificar las fuerzas que mueven la vida social de los seres humanos. En este sentido, para el citado economista austríaco "la colaboración espontánea de los hombres libres crea con frecuencia cosas que son superiores a lo que sus mentes individuales jamás habrían podido comprender plenamente."
El individualismo verdadero, en la visión de Hayek, considera al ser humano, con sus vicios y sus virtudes, capaz de tomar acciones intencionadas que generan consecuencias no intencionadas en beneficio de la sociedad, generando las instituciones que sirven de soporte a la interacción social. En consecuencia, no hay mejor forma para entender los procesos sociales que no sea a través de la comprensión de los procesos individuales que subyacen en ellos. En contraste, el individualismo falso, derivado de la racionalidad cartesiana y de las ideas de Rousseau, hace una representación en donde el individuo es un ser aislado, sin interés social y no determinado por su existencia social. Esta versión del individualismo es la que predomina en la economía, en la política y en la sociología.
En el dominio del individualismo falso, las instituciones surgen después de haber sido visualizadas por alguna mente privilegiada, por lo tanto, son el resultado de los poderes de la razón individual. Ahora bien, si la mente humana aislada puede construir realidades superiores al orden que puede surgir de la colaboración espontánea de seres humanos libres, entonces, es posible construir sociedades de acuerdo con el pre diseño humano; ese constructivismo social solo conduce al colectivismo o al socialismo, y a la consideración de que existen leyes inevitables del desarrollo histórico, como planteaban los historicistas alemanes del siglo XIX. Esto lo ve Hayek como un obstáculo para la adecuada comprensión de las formaciones sociales. Esto tiene consecuencias importantes desde el punto de vista de la metodología científica, pues se tiende a considerar que las categorías sociales o agregadas tienen vida propia, un error, sin dudas, del colectivismo metodológico. Detrás de las categorías agregadas como la economía o la sociedad están las unidades particulares, los individuos; sin los cuales, el todo no puede ser entendido.
Específicamente, en economía el homo economicus es una representación de ese falso individualismo, construido sobre la base del abuso de la razón. Se define un sujeto económico que caricaturiza la verdadera dimensión humana de quienes actúan como individuos en procura de su bienestar personal, y se contrapone esa conducta al interés de la sociedad. Esa caricatura no encaja en la definición del individualismo verdadero; más bien, encaja en la definición del egoísmo. El estado natural de la conducta humana se enmarca dentro del interés social de la cooperación. Es en el mejor interés de los individuos cooperar para alcanzar sus metas particulares, pues es prácticamente imposible que la generalidad de los individuos pueda ser autosuficiente o autárquica. Un ejemplo clásico que proviene de la teoría de juegos es el famoso "dilema del prisionero". Cuando se comparan los resultados para los dos prisioneros, es obvio que cuando hay cooperación entre ellos, ambos jugadores logran una penalidad menor. Es claro, en este caso, que la cooperación es superior a la no cooperación.
El principal interés de los grandes escritores individualistas, plantea Hayek, ha sido en realidad encontrar un conjunto de instituciones por las que el hombre pudiera ser inducido, por su propia elección y por los motivos que determinan su conducta ordinaria, a contribuir lo más posible a satisfacer las necesidades de todos los demás; y su descubrimiento, continua Hayek, fue que el sistema de propiedad privada ofrecía efectivamente estos incentivos en medida muy superior a lo que hasta entonces se había pensado.
Hayek no se opone ni a la asociación voluntaria, la cual considera conveniente, ni a un cierto grado de poder coercitivo por parte del Estado. A lo que si se opone es a que el Estado quiera controlar a la economía en base a criterios que van en detrimento de las libertades individuales. Tampoco es partidario de la anarquía, la cual pudiera derivarse de un falso individualismo. En fin, considera que la filosofía individualista pudiera servir de guía de acción, dependiendo de si somos capaces de distinguir entre lo que el gobierno debe o debe hacer. Una distinción que no siempre es posible.
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