Inevitable
Si aumenta el tránsito de vehículos y de personas; si la gente consume alcohol sin control, dada al frenesí de las fiestas, y si a eso le sumamos el desprecio por la ley y el desespero, no es de extrañar que la muerte aflore.
Por tanto, medir el éxito de un programa de prevención durante un período como la Semana Santa por el número de muertes, es un ejercicio inútil.
Probablemente no mueran más que en una semana cualquiera en la que la gente organice fiestas en los barrios, pero aquellos no son vistos en conjunto como éstos y por eso parecen menos.
Lo importante, sin embargo, no es rasgarnos las vestiduras por ese hecho, sino preguntarnos qué se está haciendo para educar a la población en el respeto a la ley, la paciencia y la honradez, pues de nada valdrán los operativos, por definición limitados, si no se hace el trabajo todos los días.
¿El que no respeta ni ley ni policía, los va a respetar en Semana Santa? Claro que no. El problema es de educación permanente.