La exhortación de hoy
El ilustre munícipe santiagués don Víctor Espaillat Mera decía que este pueblo era tan bueno que a pesar de los esfuerzos de unos pocos, todavía no le habían enseñado a odiar.
Es posible que todavía sea así, pero el esfuerzo ha producido un fruto menor: se ha radicalizado, y no entiende explicaciones razonables.
No importa lo lógico o visible de la cuestión planteada: si no cabe en el slogan radical de moda, es mentira, y de ahí siguen los epítetos insultantes y altisonantes.
Lo vemos todos los días en las cartas que publicamos en nuestra edición web.
¿Por qué se ha radicalizado el dominicano si, aunque no lo quiera reconocer, vive mejor que antes?
Porque quiere más, y no lo puede conseguir por medio de un empleo digno o de su labor diaria, y además, porque todo a su alrededor es un ambiente hostil.
Si tiene que caminar, no hay aceras. El transporte público es un desastre, y la vida un tormento. La ausencia de respuesta de las instituciones llamadas a resolver esos problemas, a hacer las ciudades más "vivibles", frustra al ciudadano, y lo hace proclive a una conducta antisocial.
¿Cómo exigir al ciudadano de a pie que cumpla la ley, cuando los encargados de hacerla cumplir son los primeros que la violan?
La ausencia de una élite capaz de demostrar con su ejemplo que otro mundo es posible, ha castrado la posibilidad de este país de echar hacia adelante. Pero todavía podemos. Necesitamos sólo el poder de uno. Esa es la exhortación de hoy.
atejada@diariolibre.com
Lo vemos todos los días en las cartas que publicamos en nuestra edición web.
¿Por qué se ha radicalizado el dominicano si, aunque no lo quiera reconocer, vive mejor que antes?
Porque quiere más, y no lo puede conseguir por medio de un empleo digno o de su labor diaria, y además, porque todo a su alrededor es un ambiente hostil.
Si tiene que caminar, no hay aceras. El transporte público es un desastre, y la vida un tormento. La ausencia de respuesta de las instituciones llamadas a resolver esos problemas, a hacer las ciudades más "vivibles", frustra al ciudadano, y lo hace proclive a una conducta antisocial.
¿Cómo exigir al ciudadano de a pie que cumpla la ley, cuando los encargados de hacerla cumplir son los primeros que la violan?
La ausencia de una élite capaz de demostrar con su ejemplo que otro mundo es posible, ha castrado la posibilidad de este país de echar hacia adelante. Pero todavía podemos. Necesitamos sólo el poder de uno. Esa es la exhortación de hoy.
atejada@diariolibre.com
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