Hacia dónde vamos

Mi país es precioso. Sus mares tranquilos y a veces tempestuosos, sus ríos corriendo por caminos vecinales, sus montañas dando mirada a los pueblos, sus campos cobijados de árboles y flores, nos hacen sentir que vamos caminando hacia el cielo. Pero ahí queda la cosa. Cada día uno se pregunta, hacia dónde vamos. No entiendo, por más que lo estudie, qué pasa por la cabeza de quienes roban los cadáveres y destruyen las tumbas en los cementerios. ¡Habrase visto semejante descaro! Hay maleantes que roban dinero, celulares, yipetas, motocicletas y hasta ropa y zapatos a sus vecinos, y aquellos que echando a la basura el respeto que deben tener por los muertos, destruyen su descanso en paz. No entienden que los cementerios deben ser un lugar de cobijo, tanto para los muertos como para los vivos.

Hay cementerios privados, rodeados de árboles y flores, lugar sereno y silencioso, donde los parientes se pueden sentar a conversar con los suyos, a cantarle sus canciones, a rezarle, y eso le trae paz y consuelo. Pero no todos tienen acceso a esos lugares. Y cuando tantos delincuentes no tienen respeto por los muertos, hay que temer lo peor. Es que las autoridades municipales que no se preocupan por los vivos, menos aún lo hacen por los muertos. Esos maleantes se roban los huesos, el cráneo, las varillas, las flores, los velones encendidos y todo lo que encuentran a su paso. Y ni hablar de la prostitución nocturna que se usa en esos lugares. En ese espacio dedicado al reposo eterno y divino, como de todos es sabido, pero esos transgresores venden todo lo que encuentran. Y yo me pregunto: ¿Qué pasa por la mente, porqué, por qué, por qué lo hacen?

Habrá que abrirles la cabeza y ver qué tienen en el cerebro. ¿Será mierda? ¿Pus? ¿Lombrices, gusanos? ¿Le faltará alguna parte en su cabeza? Algo habrá. Pero en nuestro país hay dos cosas que podrían ayudarnos a saber hacia dónde vamos. Además de la falta de educación y el respeto a muchos de nuestros ciudadanos, la poca atención, la manipulación, que ponen a las autoridades a las que corresponde actuar con firmeza, hacen que las leyes caigan sobre las cabezas en que no tienen que caer. Así vemos cómo la vida corre peligro, y los muertos también. De seguir como vamos, sin saber hacia dónde y con quién vamos, es posible que un día esos malhechores pidan rescate a los familiares y, entonces, quizás llegue a dar pasos correctos por el camino. ¡Dios lo quiera, la Virgen nos proteja y las autoridades municipales cumplan con su misión!

¿Se ha imaginado, alguna vez que el cadáver robado sea de un ricachón? Ahí, quizás, se arregle la cosa. Ya vemos por qué la familia rompe el ataúd. ¡Dios mío, ampáranos y protégenos tu mismo, con la mano de tus ángeles guardianes, porque en nuestro país eso es una tragedia! Cuando la vida se va hay que respetarla, resguardarla y tenerla en paz y con mucho amor. ¿Hacia dónde iremos con nuestros muertos? Si el alma se va al cielo y queda en nuestros recuerdos, es preciso que el cadáver esté tranquilo.

Denver, Colorado

Cuando la vida se va hay que respetarla, resguardarla y tenerla en paz y con mucho amor.

¿Hacia dónde iremos con nuestros muertos?

Si el alma se va al cielo y queda en nuestros recuerdos, es preciso que el cadáver esté tranquilo.