Como cada fin de año brindo por la vida

Al finalizar el año acostumbro a brindar, con mi copa de vino y cantando una canción, por mí, por mi familia, por mis amigos y amigas todavía presentes y por los que ya se han ido y me han dejado recuerdos en el alma. Brindo por lo que he pensado durante años, por lo que quise, he conseguido y por lo que todavía espero. Brindo con la esperanza que se trepa en mi mente como una hiedra de que todo en nuestro país vaya mejorando y floreciendo. Brindo por la caridad, el perdón y la fe. Así brindo al finalizar un año y por el que viene en camino.

Alzo también mi copa, ya voy por varias, (terminaré borracha de amor) y continúo con mi canto por cada persona que ha tenido un espacio importante en mi vida, incluyendo a mi hijo Vantroi y a mi nieto Vantroi Camilo, y también por los que me han puesto en el ojo del huracán del que he salido airosa y feliz. Por los que han dejado huellas en mi vida. Brindo sabiendo que no es simple ser feliz, que tener una casa en la que se vive cada día, un trabajo honesto, una pensión poquita, solo un par de zapatos, una cama que nos envuelve en sus sábanas y nos hace dormir hasta el amanecer, es mucho más de lo que tiene mucha gente. Así es que brindo, una y otra vez, por lo que tenemos y lo que nos falta.

Con esta copa de vino (perdón, ya me he bebido varias) alzo su sabor con una voz que brinda por dar la mano y un abrazo a quienes se han ido, esos amigos y amigas que fueron nuestros compañeros y compañeras de la escuela, del colegio, de la universidad y de la vida misma. Ya no los vemos, pero los sentimos cerca, cantando con nosotros, sonriendo de lo que nos pasa, escuchándonos cantar con indefinidos pasos, como lo hicimos juntos, y por ellos brindo y los recuerdo, a veces con lágrimas y un dolor que va desapareciendo con el tiempo porque en un pasado-presente van siendo nuestra canción.

“Gracias a la vida que me ha dado tanto, me dio dos luceros que cuando los abro, perfecto distingo lo negro del blanco, y en el alto cielo su fondo estrellado...”. Mis años son muchos, cada vez con un poco menos de salud, mi cuerpo con añoranzas y mi mente que todavía piensa y medita, y por eso brindo por mí (y casi me doy un jumo), y brindo por esto y por aquello, por lo del más allá y por lo que vendrá. Así es, amigo querido y amiga apreciada, tú que me lees cada sábado, estés o no de acuerdo con lo que escribo, brindo y canto por ti. Juntos, demos gracias a la vida.