De qué vivía la gente en 1844

Acostumbrados a estudiar la independencia de la República como un proceso esencialmente político, los dominicanos se han acostumbrado a celebrar la efemérides del 27 de Febrero como un acto patriótico y normalmente dejan de lado el hecho de que los héroes de la Separación eran gente de carne y hueso que ejercía oficios y profesiones comunes y trabajaban todos los días para alimentarse, vestirse y alojarse.

En otras palabras, los discursos patrióticos que pronunciamos cada 27 de Febrero podrían ser más elocuentes si, además de resaltar la valentía, la visión y el arrojo de los separatistas y trinitarios, incluyeran algunos datos acerca de cómo vivía la gente común en aquellos años.

De entre los numerosos documentos acerca de la independencia dominicana publicados en los últimos ciento sesenta y seis años, hay muchos que ofrecen información en este sentido. Por ejemplo, entre las cartas del Cónsul francés en Santo Domingo de los años 1844 y 1845 hay algunas que tienen noticias acerca del deplorable estado de la agricultura en las cercanías de la ciudad de Santo Domingo y en otras localidades debido a que buena parte de la población masculina tuvo que abandonar sus cultivos al enrolarse en el ejército para ir a combatir a los haitianos.

Otros documentos, entre ellos algunos testimonios de viajeros, describen las principales actividades económicas de los pueblos de entonces y de sus regiones circundantes. Aquellas personas que salían de Santo Domingo hacia los pueblos del interior observaban que en San Cristóbal la gente vivía de la siembra de víveres y de algún tabaco y caña. Con esta última fabricaban muy poco azúcar y alguna melaza.

En Baní la gente vivía de las salinas, la crianza de chivos, la ganadería y el corte de maderas. En Azua la mayor parte de la población se ocupaba de la fabricación de azúcar y el corte de caoba y otras maderas para exportación, además de la ganadería. En El Maniel (San José de Ocoa), el azúcar era la principal ocupación de las pocas familias que habitaban aquellas tierras aisladas.

En San Juan de la Maguana los pobladores se ocupaban mayormente de la ganadería, la cual se encontraba en crisis debido a la guerra con Haití. La frontera estaba casi totalmente despoblada convertida en una especie de tierra de nadie. En Montecristi, la mayoría de los habitantes vivían de la crianza de ganado vacuno y caprino, como en la aldea de Guayubín.

En Santiago la economía estaba mucho más diversificada que en el resto del país. Además del cultivo y mercadeo del tabaco, que involucraba a la mayoría de la población, en Santiago mucha gente se dedicaba a la agricultura de víveres, a la crianza de puercos y al ganado vacuno. En la ciudad había una numerosa capa de artesanos, mecánicos y sastres que trabajaban junto a los obreros de las tenerías y fábricas de ladrillos y cigarrerías de la zona.

Entre Santiago y Moca la tierra estaba bastante cultivada y existía un campesinado independiente muy numeroso que constituía un mercado seguro para las importaciones de los comerciantes locales y una buena clientela para los profesionales de esta ciudad. Moca todavía no era una región agrícola sino más bien ganadera pues sus campos apenas comenzaban a ser dedicados a la siembra de tabaco y víveres.

Con La Vega ocurría otro tanto. Aquí la ganadería constituía el principal medio de vida junto con la agricultura conuquera de víveres y otros frutos menores. En la aldehuela de Jarabacoa la crianza era el principal sostén de sus habitantes.

Los habitantes de San Francisco de Macorís sembraban maíz, arroz y frijoles para venderlos en los pueblos vecinos. También cultivaban algún tabaco y caña de azúcar. En Cotuí la mayor parte de la población vivía de la crianza de cerdos y de algún ganado vacuno, siendo proverbial la miseria de esta aldea desde tiempos coloniales.

En Samaná la gente subsistía de sus conucos que daban abundantes frutos para todos y alcanzaban para exportar, aunque escaso, algún excedente. Por ejemplo, en los años 1845, 1846 y 1847 los samanenses exportaron 139 cueros de vaca, 1.248 cocos, 1,5 libras de almidón, 14 reses, 19.394 libras de tabaco, 4 cerdos, 50 libras de cera y 8 libras de concha. Todo ello en doce barcos que visitaron el puerto en esos tres años. Samaná era de los pocos pueblos que entonces exportaban algo. Los otros eran Santo Domingo, Puerto Plata, Azua, y más adelante Montecristi y La Romana, que fueron habilitados para exportar maderas.

Puerto Plata era una ciudad comercial. El puerto ocupaba muchos brazos en labores de carga y descarga y los cortes de caoba alternaban con la ganadería y una incipiente agricultura de víveres. Santo Domingo, por su parte, era una ciudad administrativa con el comercio dominado por una minoría de negociantes extranjeros, siendo los más importantes judíos, españoles y alemanes.

Estos extranjeros eran los canales del comercio exterior dominicano y eran de los pocos individuos que contaban con suficiente capital para hacer frente a las insistentes demandas de crédito por parte del Gobierno que siempre anduvo corto de fondos. Los negociantes extranjeros también financiaban a los pequeños comerciantes al detalle, en su totalidad dominicanos, porque la ley no permitía que los extranjeros se ocuparan del comercio minorista, lo cual da una idea de la escasa capacidad de formación de capital que existía entonces entre los grupos criollos.

El comercio de Santo Domingo se especializaba en la exportación de maderas, cueros y cera de abejas, y en la importación de telas, licores y quincallerías de Estados Unidos, Francia, Saint Thomas y Curazao.

En Puerto Plata el comercio estaba igualmente en manos de extranjeros, alemanes en su mayoría, que representaban casas importadoras de tabaco de Alemania y Holanda, existiendo además, varios judíos agentes de firmas de Curazao o de Saint Thomas, hacia donde exportaban bastante tabaco.

En el interior del país el comercio estaba en manos de dominicanos y de muy pocos extranjeros. Este era un comercio de poca monta, dependiente de los grandes importadores de Santiago que poseían grandes capitales y a veces exportaban e importaban por su cuenta.

Este cuadro de actividades económicas en los principales pueblos del país nos da una idea general de cómo vivía la gente entonces, y también nos dice que la economía dominicana, aunque bastante diversificada, era muy pequeña, que la estructura social era pueblerina o aldeana, que los adelantos tecnológicos eran limitados, que el transporte se realizaba a lomo de animales, que no había carreteras, sino senderos de herradura, y que faltaban capitales para desarrollar los recursos naturales del país.

Sobre estos temas escribiremos algo más en un futuro artículo.

La economía dominicana, aunque bastante diversificada, era muy pequeña, la estructura social era pueblerina o aldeana, los adelantos tecnológicos eran limitados, el transporte se realizaba a lomo de animales, no había carreteras, sino senderos de herradura, y faltaban capitales para desarrollar los recursos naturales del país.

El comercio de Santo

Domingo se especializaba en la exportación de maderas, cueros y cera de abejas, y en la importación de telas, licores y quincallerías de Estados Unidos, Francia, Saint Thomas y Curazao.