El asesinato del Ingeniero Quique Rodríguez (I)

Mañana se cumple el 50 aniversario del asesinato de Quique Rodríguez.
Uno de los asesinatos más burdos y horrorosos de los cometidos en la Era de Trujillo fue el del ingeniero Fausto Rodríguez Pérez, mejor conocido como Quique, muerto a palos o probablemente con una barra de hierro, junto a su chofer Ramón Guante, hecho ocurrido el 29 de agosto de 1960 en el sitio Los Cuatro Vientos, entre Azua y Barahona.

La parte burda de ese crimen consistió en dejar los cadáveres en la carretera, arrastrando luego la camioneta en que viajaban hacia la parte inicial de un precipicio de unos cuarenta metros, dejándola atajada con una débil mata de bayahonda. La idea de los matones era hacer creer que se trató de un accidente, algo que entonces muy pocos creyeron. Los asesinos no se conformaron con quitarle la vida, sino que también le despojaron de RD$400.00, su anillo de matrimonio y de un cheque de RD$1,000.00 del Ayuntamiento de Pedernales para pagar unos trabajos.

Ese tipo de crímenes eran algo común durante la tiranía de Rafael Leonidas Trujillo Molina. En ese mismo año, el 25 de noviembre, fueron asesinadas en parecidas circunstancias las hermanas Minerva, Patria y María Teresa Mirabal, y su chofer Rufino de la Cruz, en el sitio llamado María Picá, mientras regresaban de la cárcel de Puerto Plata donde habían ido a visitar a los reclusos Manolo Tavárez y Leandro Guzmán, el primero abogado y el segundo ingeniero. Los dos eran de los fundadores del Movimiento Clandestino 14 de Junio, constituido para luchar contra Trujillo el 10 de enero de 1960. Tavárez era el esposo de Minerva y el ingeniero Guzmán era el cónyuge de María Teresa. El esposo de Patria, Pedro González, guardaba prisión en la cárcel de La Victoria, por los mismos cargos de conspirar contra Trujillo.

Quique Rodríguez presentía su muerte y así se lo comunicó a varios amigos colegas de la Liga Municipal Dominicana, donde era Jefe del Departamento de Ingeniería, con apenas 29 años de edad. Sus temores se fundamentaban en varias razones: 1) un pariente suyo, llamado Federico Pérez, residente en la calle Peña Batlle esquina Seybo, en la zona de Villa Consuelo en la entonces Ciudad Trujillo, le confesó que tenía órdenes de vigilarle, pues era miembro del Servicio de Inteligencia Militar (SIM), pero que había renunciado asqueado por los crímenes de ese cuerpo represivo. Incluso le mostró un documento de renuncia que lo atestiguaba, posiblemente falsificado.

Cuando Federico Pérez le pidió que le ayudara a conseguir un empleo, siquiera de RD$125.00 mensuales, Quique le dijo:

"¡Pero tú estás loco! ¿Sales del SIM para ser un hombre libre y ahora quieres un empleo público para comprometerte más? ¿Es que no te das cuenta de que este gobierno se está cayendo? Quique temía que Federico Pérez comentara eso. (Para el autor, lo de la renuncia era absolutamente imposible: un miembro del SIM no podía renunciar, pues hacerlo significaba la muerte) 2) El jefe inmediato de Quique Rodríguez era el médico oncólogo José G. Sobá, quien entonces se desempeñaba como Secretario de Estado de Interior y Cultos, que al propio tiempo era el Presidente de la Liga. Ocurre que don Pablo Rodríguez Salcedo, padre de Quique, había tenido un altercado con Sobá, a quien le había pagado RD$400.00 para que le eliminara una verruga de la nariz, que finalmente devino en cáncer. Era una suma muy alta para esa época. Sobá pretendió luego cobrarle más dinero, pero el viejo Rodríguez se negó, alegando el trato realizado. Sobá se alteró y Rodríguez le propinó una bofetada. El médico le dijo que pagaría cara esa osadía, y así fue, en efecto. 3) Pablo Rodríguez era primo hermano de Juancito Rodríguez García, un millonario y hacendado enemigo de Trujillo que tuvo que irse al exilio, al confiscárseles sus tierras en Barranca, La Vega.

Rodríguez García, junto a otros exiliados, organizó y financió las fracasadas expediciones militares de Cayo Confites en 1947 y la del 14 de Junio de 1959. Ser familia de Juancito Rodríguez era un estigma en la Era de Trujillo. Pablo Rodríguez Salcedo nunca le aceptó un cargo a Trujillo. Era partidario del general Horacio Vásquez y en 1930, siendo Comisario de Moca, metió preso a Petán Trujillo, hermano del Jefe, acusado de robar vacas y emitir un cheque sin fondo en perjuicio de Delio Almánzar, residente en Guanábano, Moca. Cuando Trujillo pasó de Jefe del Ejército a Presidente de la República, en 1930, Petán estaba envalentonado al ser uniformado de militar de alto rango. Cada vez que visitaba a Moca, Pablo Rodríguez tenía que esconderse para no perder la vida. 4) Quique, a pesar de lucir siempre taciturno y reservado, no perdía la oportunidad de hablar mal de Trujillo con sus amigos o supuestos amigos. Había creado una conciencia antitrujillista tanto en el seno de su familia, como en la Universidad de Santo Domingo, hoy Autónoma. La facultad de ingeniería era un nido de contrarios a Trujillo, como lo pueden atestiguar ingenieros y arquitectos que aún viven y que fueron compañeros de estudios de Quique.

5) El ingeniero Rodríguez Pérez, en un exceso de ingenuidad, compraba balas de revólveres y pistolas a agentes del SIM, que incluso le decían que tenían la misión de vigilarle, aunque no de hacerle daño porque ya eran "amigos". Esto, para cualquier dominicano en aquella época, era una sentencia de muerte, o la búsqueda de una muerte segura, sobre todo si se toma en cuenta que las oficinas de la Liga Municipal Dominicana coincidían en el edificio de la desparecida Azucarera Haina, que era visitada muy a menudo por Trujillo. ¿Tuvo Quique la intención de atentar algún día contra la vida de Trujillo? No se sabe, aunque nunca perteneció a grupo político alguno, ni siquiera al Movimiento de Resistencia 14 de Junio.

Sobá fue el principal acusado de haber ordenado el asesinato de Quique Rodríguez, pues el 24 de agosto de 1960, este último recibió la orden de inspeccionar el mercado que construía el Ayuntamiento de Pedernales, algo absolutamente innecesario, pues el día anterior el encargado de la obra, José Antonio Martínez Canaán, había remitido un informe al doctor Sobá detallándole el avance de los trabajos.

El mismo ingeniero Martínez Canaán dijo que si lo que deseaban los jerarcas de la Liga eran informes sobre otras obras que se levantaban en Pedernales, él mismo habría podido también rendir un informe, sin necesidad de que el ingeniero Rodríguez se trasladara allá. La orden del viaje se la transmitió a Quique el doctor Héctor Israel Pérez Reyes, secretario general de la Liga, pero subalterno de Sobá, también co-acusado del crimen. En el juicio de instrucción, salió a relucir que Pérez Reyes, por órdenes de Sobá, había mostrado interés en saber en qué vehículo viajaría Quique Rodríguez a Pedernales, incluso el color, número de placa y otros detalles que lo hicieran identificable. Esto era algo absolutamente inusual. Sobá anotó los datos en un papelito que metió en un bolsillo.