Ingenios de Macorís
Con la fundación en 1876 del ingenio Angelina por el mecánico azucarero matancero Juan Amechazurra (cuya propiedad finalmente quedó en manos del italiano Juan Bautista Vicini), se inició la transformación aldeana de Mosquitisol -comarca de pescadores, conuqueros, monteros y algunos trapicheros- en un formidable centro agroindustrial moderno. Caleidoscopio de etnias enfebrecidas por el espíritu del progreso que marcaron su impronta en el perfil multicolor del Macorís del Mar que cantara en sus versos hinchados de épica cotidiana el poeta Pedro Mir. El mismo "producto de un viaje", vástago de un técnico azucarero cubano y una jíbara borinqueña, nacido a orillas del Higuamo entre pitos de locomotoras conducidas por cocolos y aroma pegajoso de meladura de ingenios americanos.
Empresarios cubanos, puertorriqueños, norteamericanos, franceses, italianos, alemanes, comerciantes españoles, bodegueros sirios y libaneses, fonderos chinos, hindúes como la familia Comarazamy Rangasami, jornaleros boricuas, cocolos (oriundos de las posesiones antillanas inglesas, danesas, francesas y holandesas), braceros haitianos. Junto a colonos, carreteros, guardacampestres, personal auxiliar, profesionales y trabajadores dominicanos, protagonizaron una verdadera aventura sociológica multiétnica de la cual surgió la industra azucarera moderna. Sostén por más de un siglo del desarrollo dominicano. Raíz de la riqueza cultural que exhibe con orgullo Macorís, con sus poetas y letrados, guloyas y guavaberry, quipes y domplines, chorchas y logias de odd fellows, gremios y fraternidades. Predicadores, periodistas, pintores, músicos y peloteros.
Al impulso pionero de Amechazurra -quien logró interesar a la línea española de vapores Herrera para que en su itinerario tocase puerto en Macorís- siguieron otras iniciativas, como la del norteamericano Santiago Mellor, quien en 1879 promovió el ingenio Porvenir, provisto entonces de una máquina horizontal de 18 pulgadas de diámetro por 3 pies, un aparato de triple efecto, 4 centrífugas Weston, 4 calderas, 6 defecadoras y 3 clarificadoras. Con 1,200 tareas propias cultivadas y 2,400 de colonos, entre los que se hallaban Manuel S. Richiez, Pedro Bazán, Wenceslao Cestero y Manuel Urraca. Siendo el más próximo a la ciudad, a principios de los 90 Juan J. Sánchez lo describía con 14,921 tareas, 88% del ingenio, figurando como colonos Vicente Feliú, Chalas Hermanos, José Escarramán, Luis Perelló, Isidro Santana, entre otros.
Porvenir producía 81 mil quintales de azúcar y empleaba unos 300 jornaleros, contando con 2 locomotoras y 6 millas y media de vías férreas que interconectaban campos, factoría y muelle de embarque. Conforme a Sánchez, a Mellor se debía "principalmente, el hermoso edificio propiedad de la Logia Independencia, que sirve para los trabajos masónicos y para las funciones teatrales, porque el edificio se halla dividido en dos secciones que lo apropian para tales usos". El teatro llevaba el nombre de Mellor y estimulaba "de tiempo en tiempo el arribo de pequeñas empresas de espectáculos que proporcionan distracción a la sociedad macorisana."
Por su lado, la razón social Padró, Solaun & Cía., formada por cubanos, fundó en Macorís, en 1882, el ingenio Consuelo, que con el tiempo derivaría en el más moderno de la región, bajo la administración y propiedad del dinámico empresario norteamericano William L. Bass, hijo de Alexander. Las iniciativas de Bass fueron saludadas en los inicios de la década del 90 por el Eco de la Opinión, señalando que "hombres de este temple, y capitales como el de William Bass, es lo que necesita el pueblo dominicano para encumbrarse. Negocios de esta índole vengan a cada paso, y nos salvaremos por la RAZON del trabajo o por la FUERZA del capital invertido".
Bass fomentó el sistema del colonato, compensando 75 libras de azúcar por cada tonelada de caña entregada por el colono, figurando en los 90 Amechazurra como su principal proveedor, seguido de Antonio Aguayo y Juan Santoni. Amplió la capacidad productiva de Consuelo para superar la posición de vanguardia que ocupaba Santa Fe, y extendió las redes ferroviarias y el número de locomotoras y carros. El batey del ingenio contaba con 70 viviendas para peones, una para los empleados y vivienda del administrador. Poseía comunicación telefónica, embarcadero propio en el río Maguá, vaporcito y lanchones. Empleaba 800 jornaleros en tiempo de zafra y tenía "el mercado más concurrido y más abastecido aún que el de la misma ciudad", de acuerdo con Juan J. Sánchez en su obra La caña en Santo Domingo. Fue promotor de la inmigración puertorriqueña y de la cocola para el trabajo en la caña.
Consuelo editó su propio periódico, The Hawk, dedicado a suministrar "un informe diario del movimiento progresivo de aquella hacienda; no dejando de salpimentar sus columnas, ora con interesantes anécdotas, ora con sueltos humorísticos referentes a los jefes y empleados del mismo Ingenio, o ya reproduciendo escogidos recortes de literatura y de los inventos de la época". Bass fue inspirado poeta. En la Library of Congress de Washington leí sus poemarios y pude apreciar sus mordaces caricaturas contra el Sugar Trust, frente al cual desplegó una frenética campaña de cabildeo en el Congreso. Fue avezado experto en tecnología azucarera, patentando varios de sus inventos, como el "Rectificador de Guarapo" y modificaciones a los carros de caña. Escribió varias obras sobre la materia e igualmente dirigió la Pioneer Iron Works, empresa fundada por su padre fabricante de equipo industrial para ingenios.
En 1882, bajo el liderazgo de Juan Fernández de Castro la razón social de Castro & Mola, integrada por hacendados azucareros cubanos, fomentó el ingenio Cristóbal Colón (que pasaría a propiedad de las absentistas Hermanas Nariño, herederas de los derechos del señor Mola), siendo señalado por la prensa como una "de las grandes empresas industriales", caracterizada por "la asociación de varios capitales, cultivo y elaboración en grande escala, aparatos mecánicos perfeccionados, ferrocarril fijo i portátil para el servicio de la finca". En los inicios de los 90 cultivaba 2 mil tareas de administración y 9 mil de colonos, siendo los principales Lázaro Silfa, José Frías, Sebastián Benítez y Pascual Báez. Con 4 millas de "caminos de hierro" y 2 locomotoras, empleaba durante la molienda 450 jornaleros para producir 70 mil quintales de azúcar.
Por su parte, el ingenio Santa Fe sería fundado en 1882 por la razón social Vásquez, Rousset & Cía., de la cual era socio el francés Augusto Rousset. Este ingenio pasaría luego a manos del cubano Salvador Ross, cuyas relaciones con la comunidad petromacorisana se expresaron en la construcción del parque Salvador, sito frente a la iglesia católica, en la donación del reloj ubicado en la torre de dicho templo, en la extinción de las "antiguas y pestilentes ciénagas, que tantas fiebres palúdicas engendraban en esta ciudad", en la adquisición de una bomba contra incendio, y en innúmeras obras que llevaron al Ayuntamiento a otorgarle, en acto solemne en el cual se reconoció también a Juan Amechazurra, una medalla de Gratitud.
Ross mantenía un programa de salud para sus asalariados: "cuando enferma un empleado o un jornalero de su ingenio tiene la asistencia de dos de los mejores médicos de la ciudad, tiene medicinas, alimentos y cuidados sin costarle nada". Sus colonos, entre los cuales figuraban Félix Mejía, Lorenzo Bazán, Ramón Berroa, Alfredo Dalmau, Luis Astacio, Silvestre Nessanovic, gozaban de buena posición económica.
Para la misma época fundacional, el puertorriqueño Juan Serrallés estableció el ingenio Puerto Rico, en el sitio denominado Las Cabuyas, en las tierras que anteceden al puente que cruza el Higuamo para llegar a Macorís. Al empezar los 90 poseía 9,500 tareas de cañaverales, ocupando a unos 600 trabajadores y produciendo 87 mil quintales de azúcar. Para lo cual utilizaba una tecnología diferente patentizada por Monlove, Alliot & Frayer, que producía el denominado azúcar concreto, ya ensayada con resultado fatal por los Lithgow Brothers en el ingenio San Marcos de Puerto Plata. A principios del siglo XX era administrado por José Vidaurre y laboraban en funciones principales Jacobo Albizu, Pedro Pagán, Luis Barnés, Jesús Ponce, Antonio Salicetti.
En 1892 el empresario cubano Juan Fernández de Castro se hallaba embarcado en una nueva empresa desarrollando el ingenio Quisqueya, en 8,200 tareas sembradas de caña, participando como colonos José Ferrer, Alemany & Feliú, Juan Santoni, Rufo Furmén, entre otros. De Castro había sido el factor dinámico que motorizó la instalación del ingenio Cristóbal Colón, cuyas facilidades también administró. En esa condición, en noviembre de 1883 le cupo el honor de poner a funcionar sus equipos ferroviarios, acontecimiento reseñado por la prensa de la época de la siguiente manera: "En San Pedro de Macorís silbó la locomotora en los ensayos del ferrocarril instalado en la finca (reina de todas) 'Colón' de Don Juan de Castro".
Porvenir producía 81 mil quintales de azúcar y empleaba unos 300 jornaleros, contando con 2 locomotoras y 6 millas y media de vías férreas que interconectaban campos, factoría y muelle de embarque. Conforme a Sánchez, a Mellor se debía "principalmente, el hermoso edificio propiedad de la Logia Independencia, que sirve para los trabajos masónicos y para las funciones teatrales, porque el edificio se halla dividido en dos secciones que lo apropian para tales usos". El teatro llevaba el nombre de Mellor y estimulaba "de tiempo en tiempo el arribo de pequeñas empresas de espectáculos que proporcionan distracción a la sociedad macorisana."
Por su lado, la razón social Padró, Solaun & Cía., formada por cubanos, fundó en Macorís, en 1882, el ingenio Consuelo, que con el tiempo derivaría en el más moderno de la región, bajo la administración y propiedad del dinámico empresario norteamericano William L. Bass, hijo de Alexander. Las iniciativas de Bass fueron saludadas en los inicios de la década del 90 por el Eco de la Opinión, señalando que "hombres de este temple, y capitales como el de William Bass, es lo que necesita el pueblo dominicano para encumbrarse. Negocios de esta índole vengan a cada paso, y nos salvaremos por la RAZON del trabajo o por la FUERZA del capital invertido".
Bass fomentó el sistema del colonato, compensando 75 libras de azúcar por cada tonelada de caña entregada por el colono, figurando en los 90 Amechazurra como su principal proveedor, seguido de Antonio Aguayo y Juan Santoni. Amplió la capacidad productiva de Consuelo para superar la posición de vanguardia que ocupaba Santa Fe, y extendió las redes ferroviarias y el número de locomotoras y carros. El batey del ingenio contaba con 70 viviendas para peones, una para los empleados y vivienda del administrador. Poseía comunicación telefónica, embarcadero propio en el río Maguá, vaporcito y lanchones. Empleaba 800 jornaleros en tiempo de zafra y tenía "el mercado más concurrido y más abastecido aún que el de la misma ciudad", de acuerdo con Juan J. Sánchez en su obra La caña en Santo Domingo. Fue promotor de la inmigración puertorriqueña y de la cocola para el trabajo en la caña.
Consuelo editó su propio periódico, The Hawk, dedicado a suministrar "un informe diario del movimiento progresivo de aquella hacienda; no dejando de salpimentar sus columnas, ora con interesantes anécdotas, ora con sueltos humorísticos referentes a los jefes y empleados del mismo Ingenio, o ya reproduciendo escogidos recortes de literatura y de los inventos de la época". Bass fue inspirado poeta. En la Library of Congress de Washington leí sus poemarios y pude apreciar sus mordaces caricaturas contra el Sugar Trust, frente al cual desplegó una frenética campaña de cabildeo en el Congreso. Fue avezado experto en tecnología azucarera, patentando varios de sus inventos, como el "Rectificador de Guarapo" y modificaciones a los carros de caña. Escribió varias obras sobre la materia e igualmente dirigió la Pioneer Iron Works, empresa fundada por su padre fabricante de equipo industrial para ingenios.
En 1882, bajo el liderazgo de Juan Fernández de Castro la razón social de Castro & Mola, integrada por hacendados azucareros cubanos, fomentó el ingenio Cristóbal Colón (que pasaría a propiedad de las absentistas Hermanas Nariño, herederas de los derechos del señor Mola), siendo señalado por la prensa como una "de las grandes empresas industriales", caracterizada por "la asociación de varios capitales, cultivo y elaboración en grande escala, aparatos mecánicos perfeccionados, ferrocarril fijo i portátil para el servicio de la finca". En los inicios de los 90 cultivaba 2 mil tareas de administración y 9 mil de colonos, siendo los principales Lázaro Silfa, José Frías, Sebastián Benítez y Pascual Báez. Con 4 millas de "caminos de hierro" y 2 locomotoras, empleaba durante la molienda 450 jornaleros para producir 70 mil quintales de azúcar.
Por su parte, el ingenio Santa Fe sería fundado en 1882 por la razón social Vásquez, Rousset & Cía., de la cual era socio el francés Augusto Rousset. Este ingenio pasaría luego a manos del cubano Salvador Ross, cuyas relaciones con la comunidad petromacorisana se expresaron en la construcción del parque Salvador, sito frente a la iglesia católica, en la donación del reloj ubicado en la torre de dicho templo, en la extinción de las "antiguas y pestilentes ciénagas, que tantas fiebres palúdicas engendraban en esta ciudad", en la adquisición de una bomba contra incendio, y en innúmeras obras que llevaron al Ayuntamiento a otorgarle, en acto solemne en el cual se reconoció también a Juan Amechazurra, una medalla de Gratitud.
Ross mantenía un programa de salud para sus asalariados: "cuando enferma un empleado o un jornalero de su ingenio tiene la asistencia de dos de los mejores médicos de la ciudad, tiene medicinas, alimentos y cuidados sin costarle nada". Sus colonos, entre los cuales figuraban Félix Mejía, Lorenzo Bazán, Ramón Berroa, Alfredo Dalmau, Luis Astacio, Silvestre Nessanovic, gozaban de buena posición económica.
Para la misma época fundacional, el puertorriqueño Juan Serrallés estableció el ingenio Puerto Rico, en el sitio denominado Las Cabuyas, en las tierras que anteceden al puente que cruza el Higuamo para llegar a Macorís. Al empezar los 90 poseía 9,500 tareas de cañaverales, ocupando a unos 600 trabajadores y produciendo 87 mil quintales de azúcar. Para lo cual utilizaba una tecnología diferente patentizada por Monlove, Alliot & Frayer, que producía el denominado azúcar concreto, ya ensayada con resultado fatal por los Lithgow Brothers en el ingenio San Marcos de Puerto Plata. A principios del siglo XX era administrado por José Vidaurre y laboraban en funciones principales Jacobo Albizu, Pedro Pagán, Luis Barnés, Jesús Ponce, Antonio Salicetti.
En 1892 el empresario cubano Juan Fernández de Castro se hallaba embarcado en una nueva empresa desarrollando el ingenio Quisqueya, en 8,200 tareas sembradas de caña, participando como colonos José Ferrer, Alemany & Feliú, Juan Santoni, Rufo Furmén, entre otros. De Castro había sido el factor dinámico que motorizó la instalación del ingenio Cristóbal Colón, cuyas facilidades también administró. En esa condición, en noviembre de 1883 le cupo el honor de poner a funcionar sus equipos ferroviarios, acontecimiento reseñado por la prensa de la época de la siguiente manera: "En San Pedro de Macorís silbó la locomotora en los ensayos del ferrocarril instalado en la finca (reina de todas) 'Colón' de Don Juan de Castro".
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