La culpa no cae al suelo
Me decía un amigo, cuando hablábamos de alguien que había cometido errores, que "la culpa es una mujer que nunca se cae al suelo". Me encantó la frase, aunque la considero un poco machista. Sin embargo, creo que es una sentencia filosófica que lleva a la reflexión. Porque si la culpa no cae el suelo, caerá sobre alguien. Si llegamos tarde al dentista y perdemos el turno, ¿de quién será la culpa? ¿Del taxista, del tránsito, del dentista, de uno mismo? Si tenemos problemas con un vecino, ¿será de él? ¿Es un ser peligroso? ¿Terco? ¿Y si tenemos dilemas con los hijos, de quién será? ¿De ellos? ¿Nuestra? Por lo tanto verá, que de una y otra manera o situación, la culpa no cae el suelo. Naturalmente, es más fácil y más cómodo echarle la culpa a otro. Es difícil que alguien las asuma. Se dice que un fulano hizo tal cosa, algo que me molestó, simplemente porque le dije que no actuaba con certeza o que no hizo a tiempo lo que tenía qué hacer.
La culpa es de aquella, que me dijo que estoy gorda y le contesté que ella era una analfabeta. Y si no puedo alcanzar la meta es por la culpa de mi jefe de que me impone muchas cosas, y además llegas tarde a tu trabajo porque vives al otro extremo de la ciudad. Como ve, por ahí vamos y por eso la culpa nunca cae al suelo, aunque sí a la basura. Y hablando de basura, aunque no la recojan cada día, cuando lo hacen, en unos pocos minutos los vecinos vuelven a tirarla a la calle. Y así, pocos cuentan con sus culpas, sus errores, sus metidas de pata. Y también puede pasarte que vas a una oficina a buscar un documento y te dicen que la persona que debe entregártelo salió a desayunar, y esperas y esperas, llega el fulano y te dice que esperes un tiempo más porque tiene que hacer otras cosas, y tú tienes también que hacer otras ¿esperarás, y dejarás para otro día lo que te toca hacer hoy? ¿De quién es la culpa? Y así va la cosa.
Con personas que no toman para sí mismo la responsabilidad de sus funciones, no hay seminarios, ni mesas redondas, diálogos, acuerdos, pactos, cursillos, entrenamientos, ni reformas legales que les hagan borrar sus culpas o que se les caigan al suelo. De norte a sur, de este a oeste, de arriba hacia abajo, de izquierda a derecha, cada quien tiene sus culpas. Y esto se produce con apatía, bostezo, desgana, desidia, estupidez, y otros tantos errores. Lo ideal sería que cada quien asumiera la suyo. No pasarlo por encima de nuestro entorno. Así estamos perdidos como pueblo, como personas sin educación, y aunque la culpa es una mujer que nunca se cae al suelo, como dice mi amigo, yo también pongo a un hombre que ni siquiera resbala aunque camine en un pantano o en una calzada llena de agua. Y usted, estimado lector, querida lectora, me preguntará, ¿Por qué escribo tanto sobre el pensar y el sentir del ser humano? Y les diré, que cuando joven, como todo el mundo, metí la pata, pero ahora, pasado el meridiano, hoy, reflexiono y escribo sobre lo que pienso y lo que quiero. Buen fin de semana.
Denver, Colorado.
La culpa es de aquella, que me dijo que estoy gorda, y le contesté que ella era una analfabeta. Y si no puedo alcanzar la meta es por la culpa de mi jefe de que me impone muchas cosas, y además llegas tarde a tu trabajo, porque vives al otro extremo de la ciudad.
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