La matriz transnacional haitiana (I)
La unificación política de la isla en 1822 cambió la dinámica social y cultural de esta isla para siempre. Comenzó entonces un larguísimo proceso que podríamos llamar "evolución de la matriz transnacional haitiana" en la República Dominicana.
Hasta 1822, las autoridades de la parte española de Santo Domingo habían mantenido un eficiente control de su espacio colonial. Los haitianos se habían constituido en un Estado independiente en 1804 (diez y ocho años antes) y desde entonces dirigían su mirada colectiva hacia adentro, hacia la construcción de una nación nueva compuesta por la fusión de los fragmentos sobrevivientes de las etnias africanas que habían sido transformadas por la esclavitud, la revolución y la guerra de independencia.
En otras palabras, hasta 1822 haitianos y dominicanos (dominico-españoles se llamaban algunos) vivían en sus territorios respectivos ocupándose de la ganadería y de la agricultura y practicando un precario comercio entre ambas partes de la isla, al tiempo que exportaban algunos productos de alto valor entonces, como el café, el tabaco y la caoba.
La ocupación haitiana de la parte oriental de la isla cambió esta situación pues dio inicio a un proceso gradual de asentamientos campesinos en muchos puntos del territorio dominicano. Muchas familias de origen haitiano optaron por trasladarse a la parte dominicana de la isla, unas para ejercer la agricultura, y otras como parte de la burocracia administrativa y militar del gobierno haitiano.
Cuántas personas emigraron de la parte occidental de la isla a la parte oriental durante la Dominación Haitiana es algo que tal vez nunca podamos cuantificar, pero sí sabemos que docenas de familias, tal vez varios cientos, se establecieron en la parte dominicana durante los veintidós años que duró la dominación.
Hubo zonas, como San Cristóbal y sus alrededores, que se convirtieron en centros densamente poblados por inmigrantes haitianos. He publicado la lista de apellidos de las más conocidas familias haitianas que se dominicanizaron durante y después de la Dominación Haitiana.
Cuando los dominicanos se separaron políticamente de Haití en 1844, muchos haitianos optaron por regresar a su país de origen. La impresión que dan los documentos de aquella época es que la mayoría de los que regresaron fueron los funcionarios civiles y militares, y algunos políticos que habían tomado residencia en las principales ciudades dominicanas.
Algunas de las familias haitianas que se quedaron pasaron por momentos de gran dubitación política y hasta hubo aquellas se rebelaron contra las nuevas autoridades dominicanas, como ocurrió en la comunidad de Monte Grande, en San Cristóbal, en 1845, que tuvieron que ser sometidas por la fuerza.
No tenemos noticias de otras rebeliones internas durante los diecisiete años de la Primera República, lo que puede deberse a varias causas. Una de ellas podría ser que aquellos haitianos que se quedaron en este país optaron por asimilarse política y culturalmente a la sociedad dominicana.
No conozco ningún estudio que se haya ocupado de dilucidar este tema de la asimilación temprana de las primeras familias haitianas en la República Dominicana, pero parece que esta fue una tendencia creciente a todo lo largo del siglo XIX y las primeras tres décadas del siglo veinte. Esto se deduce de las frecuentes noticias que tenemos acerca de lo que entonces se llamaba "ocupación pacífica" del territorio dominicano por parte de inmigrantes haitianos.
Cuando se examinan los manifiestos, artículos, ensayos, declaraciones, memorias y otros documentos producidos por la elite intelectual dominicana durante los primeros noventa años de la República Dominicana en relación con la presencia haitiana en el territorio nacional, saltan inmediatamente a la vista un discurso que señala como un hecho inexorable la asimilación y la incorporación gradual de familias haitianas en la sociedad dominicana.
Este fue un discurso tradicionalmente anti-haitiano que ocultó, creo que hasta hoy, el hecho de que numerosas familias haitianas que se hicieron dominicanas se empeñaban en ser reconocidas como tales.
Aparentemente, ese discurso no captaba la dimensión real de la transformación cultural que estaba ocurriendo en el país pues resentía, en vez de aceptar, el proceso de dominicanización creciente de muchos inmigrantes haitianos, entre los cuales hubo, en segunda, tercera y cuarta generación, individuos que exhibieron rasgos nacionalistas (dominicanistas) más radicales que ciertas familias criollas de larga data.
Esa dominicanización de familias haitianas que tuvo lugar durante los primeros noventa años de vida republicana, entre 1844 y 1934, podría permitirnos hablar de un primera fase que podríamos llamar de "asimilación al estilo melting pot", como ocurrió en los procesos de asimilación de inmigrantes en los Estados Unidos, Brasil, Argentina y México que asimilaron y "criollizaron" millones de inmigrantes europeos y sus descendientes en los siglos XIX y XX.
En la República Dominicana esa dinámica de asimilación quedo súbita y violentamente rota a partir del año 1937, pues la masacre de los haitianos y el programa de dominicanización de las tierras fronterizas significó, entre muchas otras cosas, el cierre y militarización de la frontera dominico-haitiana.
En los textos convencionales de historia y sociología dominicana se habla mucho de la dominicanización y cristianización de la frontera, y de la eliminación de la influencia cultural haitiana en la sociedad dominicana durante la Era de Trujillo.
Esos textos dan por sentado que solamente quedaron toleradas como zonas culturales haitianas los bateyes azucareros que recibían trabajadores estacionales durante los meses de la zafra azucarera.
Esta es una visión parcial de los hechos que refleja una cierta miopía sociológica pues, a pesar de la represión y la persecución trujillista, muchos haitianos lograron permanecer en el país y confundirse, por asimilación, con la población dominicana. Tengo en la mente varios apellidos, muy conocidos, hoy dominicanos, que ilustran esta afirmación.
Esa miopía todavía afecta a muchos hombres y mujeres que ejercen cierta influencia en la vida nacional, e impide a muchos dominicanos, intelectuales y otros, percibir que a pesar de la represión trujillista y neo-trujillista que se extendió hasta el año 2000, en la frontera se fue formando una población que no era totalmente haitiana ni totalmente dominicana, una sociedad fronteriza que desde antaño se conoce como "rayana", que vive a lo largo de la raya fronteriza.
La población rayana es un conglomerado de personas más o menos bilingües y más o menos binacionales, más o menos católicas y más o menos voduístas, más o menos negras y más o menos mulatas, más o menos dominicanas y más o menos haitianas.
Freddy Prestol Castillo identificó brevemente esta población cuando escribió su libro El Masacre se pasa a pie. Más tarde, el equipo de profesionales que produjo el estudio de El Batey, publicado en 1986, la describió sociológica y antropológicamente.
Algunos estudios recientes han comenzado a mencionarla, pero todavía carecemos de estudios a profundidad de los rayanos y de su mundo bicultural, aunque complace ver que algunos recientes estudios de los equipos de Flacso han empezado a describir y entender más de cerca las poblaciones fronterizas.
Pero no es solamente hacia los rayanos que deseo llamar la atención en este artículo, sino hacia los llamados am-bas-fils, hacia los haitianos que durante décadas, aún durante la Era de Trujillo, cruzaron y han estado cruzando la frontera burlando los controles militares, o comprando el favor de los comandantes militares y los caciques políticos, y han terminado estableciéndose en territorio dominicano.
Hay pocos estudios sobre los am-bas-fils, y mucha falta que hacen pues hay diferencias según las zonas en que se divide la frontera. De ellos lo que me interesa destacar es que no sabemos suficiente, no sabemos qué ocurre culturalmente con ellos.
No conocemos casi nada de los procesos de adaptación de esta creciente población en las zonas fronterizas. No sabemos si están pasando por un proceso de asimilación similar al que ocurría con los haitianos que inmigraron entre 1844 y 1937. Y no sabemos qué porcentaje de ellos se aleja de la frontera y se establece en las ciudades y campos del interior del país.
Sabemos, sí, que muchos se convierten en peones de los terratenientes dominicanos, y cuando digo terratenientes no estoy hablando de latifundistas ricos necesariamente, sino de campesinos pobres tanto de las zonas fronterizas como del interior del país que necesitan mano de obra barata para ayudarles a preparar y sembrar sus campos y recoger sus cosechas.
Cuando digo "no sabemos" estoy hablando de saber académico. Son muy pocos y fragmentarios los estudios sobre esta población, aunque Wilfredo Lozano, Carlos Dore, Franc Báez y otros comenzaron a identificarlos hace algunos años.
A pesar de la represión trujillista y neo-trujillista que se extendió hasta el año 2000, en la frontera se fue formando una población que no era totalmente haitiana ni totalmente dominicana, una sociedad fronteriza que desde antaño se conoce como "rayana", que vive a lo largo de la raya fronteriza.
(Continuará)
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