"Lo que vos Antonio Torres..."

Así comienza uno de los más importantes documentos dictados o escritos por Cristóbal Colón, fechado en la Isabela el 30 de enero de 1494, dando noticias directas de los incidentes de su segundo viaje a los Reyes Católicos.

"Lo que vos Antonio Torres, capitán de la nao Marigalante e alcaide de la cibdat Isabela, avéis de desir e suplicar de mi parte al Rey, e a la Reina, Nuestros Señores, es lo siguiente"...

Se conserva copia manuscrita de este documento en el Archivo General de Indias, el cual ha sido publicado varias veces desde la segunda mitad del siglo XIX.

Utilizamos hoy, para comentarlo, la transcripción paleográfica realizada por la distinguida historiadora española Consuelo Valera, publicada en su conocida colección de los documentos completos del Almirante editada por Alianza Editorial en 1982.

En este documento Colón da detallada cuenta de lo que ocurrió en La Isabela en los dos primeros meses del establecimiento del primer asentamiento europeo en el "Nuevo Mundo".

Colón comienza diciendo que había enviado al interior de la isla Española a un joven llamado Alonso de Hojeda quien presentó un memorial al Almirante reportando que en cada uno de los ríos que vio durante esa primera entrada había mucho oro que era "cosa de no creer".

Esta noticia, más otras posteriores acerca de la abundancia de oro en la Española produjeron gran alegría en la corte española y dieron lugar a la leyenda de que en esta isla sólo había que escarbar un poco para encontrar oro, siendo éste uno de los resortes que empujaron a miles de personas a aventurarse a cruzar el Océano Atlántico para establecerse en "las Indias".

Ese oro, sin embargo, no pudo ser explotado de inmediato y por ello Colón se disculpó ante los reyes pidiendo a Torres que les informase que "yo deseava mucho en esta armada poderles enviar mayor cantidad de oro del que acá se espera poder coger, si la gente que aquí está cerca, la mayor parte súbitamente non cayera doliente".

Esta es la primera noticia que llegó a la Corte informando acerca de la primera epidemia que sufrieron los europeos en América. En documentos posteriores escritos por otros testigos abundan las noticias acerca de las primeras epidemias que padecieron los aborígenes.

El mismo Colón cayó enfermo poco tiempo después y pasó varios meses postrado, salvando la vida milagrosamente pues varias docenas de sus acompañantes en este segundo viaje murieron a causa de esas nuevas enfermedades.

Todavía hoy se discute acerca del intercambio de gérmenes entre los invasores españoles y la población taína, y sobre este tema hablaremos en una ocasión posterior, pero es importante señalar que desde este encuentro en adelante, las enfermedades estuvieron presentes tanto entre los nativos como entre los recién llegados.

Colón insiste ante los reyes de su interés en ir a buscar el oro que él había prometido, pero se escusa diciendo que con la población europea enferma era muy difícil penetrar al interior de la isla, hacia donde estaban los yacimientos.

Y dice que "yo quisiera emprender de ir a las minas o ríos agora (pero) avía muchas dificultades e aun peligros porque... para estar allá el tiempo que sería menester para coger oro, avía menester llevar muchos mantenimientos los cuales non podrían llevar a cuestas, ni ay bestias acá que a esto pudiesen suplir ni los caminos e pasos non están tan aparejados, como quier que se han comenzado a adobar para que se podiesen pasar".

Estas informaciones acerca de los caminos son también las primeras noticias de los obstáculos físicos que tendrían que enfrentar los conquistadores.

Muchos dominicanos que estudiaron con los antiguos textos escolares recuerdan el énfasis que hacían los profesores de historia en las escuelas primarias y secundarias acerca del más difícil de los pasos de montaña en la Cordillera Septentrional, al sur de La Isabela, el famoso "Paso de los Hidalgos", muy cerca de la antigua población de El Mamey.

Colón insiste en que no podía penetrar al interior de la isla con su gente enferma y aclara también en que no quería dejar sus hombres solos y debilitados en un ambiente que a él le pareció hostil desde el principio, a pesar de que las primeras impresiones que los europeos tuvieron fue que los indios los consideraban como seres llegados del cielo y les traían alimentos para agasajarlos.

"E también era gran inconveniente dexar acá los dolientes en logar abierto e chozas, e las provisiones e mantenimientos que están en tierra, que, como quier que estos indios se hayan mostrado a los descubridores e se muestran cada día muy simples e sin malicia, con todo, porque cada día vienen acá entre nosotros, non pareció que fuera buen consejo meter a riesgo e a ventura de perderse esta gente e los mantenimentos, lo que un indio con un tizón podría fazer poniendo fuego a las chozas, porque de noche e de día van e vienen, e a causa dellos tenemos guardas en el campo, mientras la población esta avierta e sin defensión."

Colón tenía miedo, y sus acompañantes también. Muy fresca estaba en su memoria la experiencia de encontrar muertos a los 39 españoles que él dejó en La Navidad el año anterior, y muy impresionantes eran las historias que los amistosos taínos le contaban acerca del supuesto responsable de aquella matanza, el cacique Caonabo.

Colón insiste en su memorial a los reyes que no había ido a las minas y a los ríos (cosa que hizo posteriormente) porque sus hombres estaban dolientes, muchos después de haber ido al interior de la isla con Hojeda.

Temiendo que si otros iban a explorar los mismos territorios podrían también enfermarse, de ahí "seguirse ían dos peligros allí: el uno, adolecer allá en la misma obra, do non ay casa ni reparo alguno de aquel cacique que llaman Caonabo, que es ombre, según relación de todos, muy malo e muy más atrevido, el cual viéndonos allá así desbaratados e dolientes, podría emprender lo que non osaría si fuésemos sanos".

"Y con esto mismo se allega otra dificultad, continúa diciendo Colón, de traer acá lo que llegásemos de oro, porque o avíamos de traer poco e ir e venir cada día e meterse en el riesgo de las dolencias, o se avía de enviar con alguna parte de la gente, con el mismo peligro de perderlo."

Tan convicentes fueron estos argumentos que los reyes aprobaron la prudencia de Colón y escribieron al margen del memorial: "Lo hizo bien".

Continuaremos...