Los placeres prohibidos de Andahazi

Un asesino anda suelto. Las adoratrices del Monasterio de la Sagrada Canasta ocultan el lupanar más extravagante y lujurioso del Imperio. Hay un tremendo silencio en ese "monasterio". Y Ulva hace, de aquel asesino, una muerte tan sutil y tan sexual como los placeres prohibidos. Gutenberg es sometido a la justicia acusado de falsificar y vender libros apócrifos, y se conoce cómo construyó la imprenta en 1455 en la ciudad de Meinz. El Libro de los Placeres Prohibidos, de Federico Andahazi contiene una narración audaz, donde se reviven historias, edificios medievales, imágenes mitológicas, el impresionante entramado de un impresionante mundo sexual.

Este escritor, argentino universal, licenciado en psicología, tiene dentro de su alforja: El Anatomista, El Conquistador, Errante en la Sombra, La Ciudad de los Herejes, Pecar Como Dios Manda, El Árbol de las Tentaciones, El Príncipe, El Secreto de los Flamencos, Las Piadosas, y otros tantos que además de ser traducidos a muchos idiomas, son excelentes, disfrutables y, más que todo, libros para leerlos una y otra vez. Conocí a Federico Andahazi en 2006, en una de las Feria del Libro. Así tuve la oportunidad de presentarlo en dos ocasiones y conocer su forma de ser.

Según cuenta en Los Placeres Prohibidos, "Lo interesante es que Gutenberg nunca inventó la imprenta. Eran varios los que estaban detrás de esa idea, pero Gutenberg se asoció con el banquero Johannes Fust y con el artesano Petrus Schöffer, y construyeron una máquina para falsificar la Biblia y ponerla en manos de todos, lo cual estaba prohibido. Por otra parte, "los hechos macabros irrumpieron en el Monasterio de la Sagrada Canasta... una espera angustiosa se adueñaba de las mujeres, como si una nueva tragedia fuera a precipitarse". Esta novela nos lleva de un lugar a otro. Nos hace saltar de un tiempo a otro muy lejano y, a la vez nos hace caminar despacio, paso a paso, por una historia que a veces va por un círculo cerrado y otras veces continúa por un espacio amplio, en un tirón correcto y exacto.

Leí esta novela, como he leído tantas otras de este autor, de un tirón. Esto así, porque desde la primera página se apoderan de mí, interrogantes e incógnitas que no tienen soluciones, ni respuestas, hasta el final. Y entonces, cuando uno quiere saber el porqué, el cómo, el cuándo y el dónde de cada personaje, lo que hace y lo que siente, tiene que leer cada una de las novelas de Andahazi saboreando, poco a poco y a veces con premura, cada párrafo y algún capítulo subrayando línea a línea.

Les recomiendo a mis queridos lectores y estimadas lectoras que no dejen de leer El Libro de los Placeres Prohibidos. Y si no han leído alguno de los otros, que los lean, para que disfruten y saboreen ese erotismo ecuánime, selecto, oloroso y equilibrado con el que Andahazi construye sus historias. Ahí también está Gutenberg, como un copista, encuadernador, que creó un invento genial para falsificar libros. Es una historia con acontecimientos increíbles.

Denver, Colorado

Desde la primera página se apoderan de mí, interrogantes e incógnitas que no tienen soluciones, ni respuestas, hasta el final.