Menéame los Mangos
"Menéame los mangos/ menéamelos más". Resuena en el oído la pieza del trovador santiaguero Piro Valerio, tal como la escuchaba mozalbete en la voz de Rafaelito Martínez, acompañado por el conjunto rítmico de Ramón Gallardo, un cabezón de ojos saltones sentado al piano vestido con camisa rameada estampada. En la atmósfera de chulos y mamacitas librepensadoras que ocupaban la pista danzando, durante el contagioso hervor dominical del Típico Quisqueyano de la Feria de la Paz. ¡Qué tiempos más buenos! Con el Malecón como telón de fondo, medio litro de Brugal (el añejo de la mallita), algunas Colas y limones para el Cuba Libre, chicharrón de pollo, longanizas y tostones. A la salida, queso de hoja con galletas de manteca y los infaltables huevos duros, para entonar. Una vida barata. "Sabiendo que te quiero/ tú siempre me maltratas/ Te pido y no me das/ un mango de tu mata".
Los mangos del trovador Valerio hicieron historia…Todavía su compueblano Víctor Víctor vive de ellos, desde que tomó la antorcha sonera de manos del gran Francis Santana, gloria de San Carlos que ha hecho del arte su estandarte, transversal a varias generaciones desde que grabó Límpiate el bozo del maestro Morel, allá por los 50. Félix B. Caignet -autor de El derecho de nacer, popular radionovela de CMQ llevada al cine mexicano y a telenovela-, compuso Frutas del Caney. Un retablo del pregón ambulante que Los Matamoros, Barbarito Díez, Ñico Saquito, Compay Segundo y Milanés han mantenido vivo: "Frutas, quién quiere comprarme frutas/ Mangos, de mamey y bizcochuelo/ Piñas, piñas dulces como azúcar/cosechadas en las lomas del Caney". Manuel Sánchez Acosta tiene un jazzeado Mango Jam, que ejecuta al piano diestro junto al cubano Marco Rizzo. Y un pambiche que ofrece mangos mameyitos, "que son de Santiago/ y también del país", preferido del cantante agrónomo manguero Expedy Pou.
Nuestro decimero Juan Antonio Alix -vivaz cronista cibaeño de la historia nacional- nos reservó Los mangos bajitos, un crudo retrato del oportunismo en la cultura dominicana: "Dice don Martin Garata,/persona de alto rango,/que le gusta mucho el mango/ porque es una fruta grata./ Pero treparse en la mata/ y verse en los cogollitos,/ y en aprietos infinitos.../ Como eso es tan peligroso,/ él encuentra más sabroso/ coger los mangos bajitos". Balaguer -antólogo de Alix- le habría dicho a Bosch en un encuentro celebrado en Cuba, que para coger el mango había que estar debajo de la mata, en respuesta a propuesta para que se uniera al exilio. Mango que le gotearía en 1961 y en 1966, catapultado desde New York por la ocupación americana.
Hipólito -un apasionado e innovador agro empresario- tiene en San Cristóbal una finca experimental con más de 200 variedades. Ni corto ni perezoso, Rafael Perelló, el zar del café Santo Domingo, banilejo esencial y bueno, incursiona hoy en la fruta con jardín varietal de unas 120, visitado por Margarita con motivo de la Feria del Mango de Baní. Ya Juan Luis Guerra se fue adelante con su Mango TV. Ni hablar de la cadena catalana Mango con 2 mil tiendas en 100 países. Ni de los relojes Mango de Indonesia y la fragancia Mango Delirium.
Cuando niño, el mango por excelencia era sinónimo de banilejo, el más valorado por su corteza suave y fina, que lavadito permite meterle el diente sin pelarlo. Acorazonado, cabe en la palma de la mano. De tez amarilla rosácea e inconfundible dulzor. Las pilas de latas de aceite Fundador repletas en las carreteras reflejaban su abundancia. El otro muy popular era el guerrero, con una piel más tosca, manchada, más ácido y fibroso, que según el cronista Alemar introdujo el Dr. Manuel Guerrero. En los patios de la capital y en sitios como Mata Hambre, y en San Cristóbal, se hallaba este manjar silvestre. Había que desprenderle a pura dentadura la fibra adherida a su cáscara. Quedando hebras enredadas entre dientes.
Muy apreciado y más escaso era el gota de oro: oblongo, doradito, sabrosísimo, sembrado en contados patios, convirtiendo a su tenedor en privilegiado. Cuya generosidad reclamaba el vecindario para compartir la exquisitez de su consumo. Como pepitas o morocotas del metal precioso, se administraba con celo y su donación era señal de distinción. Otro poco común era el fabricó, con masa generosa y más rojiza, en forma de pera alargada. Una verdadera delicia. Aparecía también el manzano, con polos más planos. Y en el Cibao se daba el mameyito, en alusión al mamey intenso de su carne y en diferenciación con el mameyón, de mayor tamaño.
Anejas figuraban las mangas. Más grandes o más pequeñas, achatadas, más verdes o amarillas o anaranjadas o rojizas. Destinadas a chuparle sus carnes fibrosas antes ablandadas y el líquido a veces alicorado, vía un orificio que a manera de tetera se le hacía en la punta. Succionar estas chupetas jugosas recreaba la experiencia del infante hambriento pegado a la mama de la madre. Remedo vivencial remoto: el pezón deseado que todo varón adolescente quiere tener en boca, hecha agua por la bioquímica gustativa. Anticipo al sexo adulto.
Una amplia nomenclatura identifica otros cultivares tenidos como nativos. Listados por el IDIAF, sus nombres surgen por analogía de rasgos morfológicos u organolépticos de la fruta o aluden a su introductor. Pechuguita, durito, azuquita, Colón, Juan Jáquez, Cardoso, Marcelo, soleta, chancletica, gusanoso, sumozo, pelotoso, baboso, bombolón Lechoso, mantequilla, dulce de leche. Huevo de pato, miao de burro, curío, guevito de chivo. Piñita, tayota. De a libra, larguito. Gusto adentro, gusto abajo, dame más. Rosa, rosita, morado, moradito. Mamejuelo, mamposo. Yamaguí, Yeremí, Madame Francés, oriundo de Haití, donde lidera la exportación.
Hoy la cultura del mango se ha ampliado. Junto a variedades aclimatadas, como el modesto mingolo, ovalado amarillo pálido, de delicado sabor, el yamaguí algo más acidulado y fibroso, o el puntica más lleno y generoso en masa, como unas duras y bien moldeadas tetas juveniles. Han hecho su ingreso nuevas variedades más voluminosas y con mayor demanda en los mercados internacionales, el europeo a la cabeza. Estimulando a agricultores y empresarios a su fomento, como lo evidencia la 9ª Feria del Mango de Baní, en la que se exhibieron y vendieron decenas de variedades, informándose que la exportación de la fruta fresca alcanza US$10 millones.
Son los mangos que encontramos por montones en los cajones de los supermercados, con precios oscilantes entre 20 y 30 pesos, desarrollados genéticamente en La Florida a partir de cruces con otras variedades. Hace años que me he sumado a su consumo en razón de su relación calidad/cantidad/precio. Con ellos hago jugo fresco espeso como es mi gusto, a veces con un ligero toque de limón para desempalagarlos. Me sirven para tajearlos y acompañar el desayuno frutal unido a trozos de piña, lechosa, níspero, guineo. Van como postre en el almuerzo. Los conservo en la nevera, ya cortados, para disfrutar su carne a mi antojo, en lugar del pan o la galleta tentadores con su carga de carbohidratos a moderar.
De todos, me confieso fanático del Haden, con tonos rojizo carmesí y amarillento -tal la manzana Gala-, tocado por un aroma seductor que primero le manguea a uno el olfato, para después rendir con garbo las papilas gustativas. Pesa entre 350/650 gramos y el Bravo lo vende limpiecito en caja de exportación, con el sello Caei, una marca respetable del grupo Vicini, que cultiva inigualable piña de dimensión gigante y sabor único. Tommy Atkins es variedad desarrollada a partir de la Haden, convertida en caballo de batalla de Brasil y México -80% y 50% de las exportaciones de dos gigantes mangueros. Regordeta, de intenso rojo cuando se pone en punto, cosechada verde madura bien y viaja con seguridad. Nuestros productores no han podido resistirse a sus bondades, potenciadas por su alto rendimiento en masa para el consumidor, que aprovecha su acidez para procesar jugos y comer la fruta en ensaladas, como lo hago yo. Marca entre 450/700 gramos. Kent es otro de estos vigorosos especímenes que en balanza alcanza 500/800 gramos.
Keitt, desarrollado en el Sur de Florida, promedia 600 gramos llegando al kilogramo. Encabeza nuestras exportaciones y representa, conforme al Clúster del Mango, el 60% de las plantaciones situadas en Peravia, Azua, San Juan y San Cristóbal, principales zonas de producción. Dulce, más ovalado, de suave textura y altamente cotizado. Otras variedades con presencia en nuestro universo frutícola son Palmer, Parvin, Springfield, Glenn. Un mango chato gigante es el Pascual, no Prota Henríquez, mi querido amigo de múltiples talentos animador de Demetrio's Gourmet, un establecimiento que marcó época y formó peñas memorables. "Verde que te quiero verde". Verde claro es esta fruta. En la Feria de Baní compré cuatro unidades que pesan un kilo c/u. Una da para un almuerzo salutífero para dos personas de buen diente.
Llegado a este punto conviene señalar que la mayor diversidad de mangos se origina en la India, el principal productor con más de mil variedades secundado por China. El Sudeste Asiático es otra antigua fuente, con Tailandia, Indonesia y Filipinas encabezando. Amén de los desarrollos experimentados en Brasil, México y La Florida en el siglo XX.
El mango da para todo. Posee propiedades nutricionales óptimas, rico en vitaminas C y A, magnesio y potasio -Cuba produce el antioxidante Vimang- y tiene usos medicinales. Se consume fresco, en batidas y envasado en digestivo jugo. Se sirve en helados, mermeladas, en pastas mezcladas y maceradas con especias (chutneys) que emplean en la culinaria India. Deshidratado en fibras, como ya lo oferta Carimango, empresa pionera. Despulpado se exporta, como lo hace Goya en el país, y se industrializa en conserva almibarada y en compotas para bebés. De su fermentación se extraen licores. Nutre cocteles como el Tequila Mango, el Mojito Mango.
En el país ha llegado el momento del "menéame los mangos". Como lo demuestra Baní con su Feria.
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