Saudades - EL NEGRITO DEL BATEY

Ligia Minaya

Escritora

"A mí me llaman el Negrito del Batey, por que el trabajo para mí es un enemigo, el trabajar yo se lo dejo solo al buey, porque el trabajo lo hizo Dios como castigo?" Recordé este merengue cuando al levantarme, saboreando mi buen cafecito dominicano asomada a la ventana, vi salir al vecino hacia su trabajo. Eran las siete de la mañana. Supongo que, como aquí las distancias son tan largas, tendrá que manejar por horas. El trabajo no es una diversión. Levantarse temprano, cruzar la ciudad, encontrarse con un jefe entruñado, cosas pendientes, un compañero que quiere serrucharle le palo, no es fácil. Pero, con todo y todo, hay que trabajar ¿de qué se puede vivir entonces?

Hay gente que no trabaja porque vive del dinero mal habido. Eso es otra cosa. Sin embargo, si no se trabaja, la vida no tiene sentido. No creo que se pueda ser feliz sin trabajar. Habrá momentos de cansancio, no saber cómo manejarse, de indisciplina y hasta de llegar a puntos oscuros que joderán la vida. Y no es lo mismo trabajar a los veinte, a los treinta y hasta los cincuenta, que trabajar con setenta y algo más. Para eso está la jubilación y el retiro. Por eso, cuando veía a mi vecino, un hombre joven, pensaba que hacía lo que tenía que hacer. Ya le llegará su tiempo. El norteamericano trabaja hasta los sesenta o sesenta y cinco sin descanso y luego al retirarse hace de su vida unas constantes vacaciones de cruceros y viajes a países lejanos.

El retiro es algo que se debe programar. Mucha gente no lo quiere hacer porque no sabe qué hacer ¿Aburrirse? Ya le decía a una amiga que aprendiera a hacer manualidades, macramé, programar viajes dentro y fuera del país, estudiar esas cosas que una deseaba y no pudo hacer en su juventud, que leyera y de ser posible también escribiera, y más que nada estar con la familia. Hay cosas maravillosas que hacer cuando ya se deja de trabajar, y más ahora, cuando las nuevas generaciones tienen el manejo total de la nueva tecnología. Por tal motivo ya el viejo sirve para poco, quizás una consulta, pero nada de ser un privilegiado en el trabajo.

En fin, que cuando joven se puede una levantar de madrugada e irse a trabajar a horas de distancia, con nieve a la rodilla o el calor bañándole el cuerpo, pero pasado el meridiano lo mejor es descansar y darse regalitos, como tomarse un cafecito con calma, salir a caminar por el parque, sentarse a leer un buen libro, echarse una "pavita", comer lo que apetece con una buena copa de vino, lo que se traduce que, ya jubilado, retirado, pueda vivir la vida como El Negrito del Batey y "bailar un buen merengue con una negra bien sabrosa" Y ojalá la pensión le favorezca. De lo contrario, será un infierno. Las pensiones no siempre son lo que deberían de ser. Hay pensiones vergonzosas, miserables, y otras, sin ton ni son, privilegiadas. Y peor aún, cuando los hijos se olvidan de los padres.

Ahora bien, si una trabaja haciendo cosas que le gustan, sin tener que agarrarse del dinerillo, mucho o poco, que proveen esos trabajos, es otro cantar. Aun así, retirarse a tiempo es bailar un merengue apambichao con una negra bien sabrosa o con un mulato bien puesto y bien peinao.

El retiro es algo que se debe programar. Retirarse a tiempo es bailar un merengue apambichao con una negra bien sabrosa o con un mulato bien puesto y bien peinao.

Denver, Colorado