Un pueblito llamado Minaya

En Albacete, España, de cuyo nombre no me pienso olvidar, existe un pueblito hermoso, tranquilo, con calles empedradas, con gente simpática, con un cura llamado José al que los ciudadanos, con amor, llaman Jocico, de casas con jardines siempre florecidos, y ese pueblo pequeñito se llama Minaya, desde donde se supone llegaron mis antecesores. Estuve allí hace unas semanas y me encantó. Si tuviera la opción de mudarme me iría allí, porque las personas que conocí, empezando por un par de señoras que me permitieron tomarle fotografías a sus jardines, me resultaron alegres, solidarias y muy tranquilas. En el parquecito, tres hombres mayores, viendo pasar la gente, poca gente, pues sus calles, en las horas de las tardes de un verano muy caliente, son tranquilas. Pero sus casas ¡ay, sus casas! Antiguas y algunas modernas, arropadas de árboles centenarios, un escudo en la plaza, una iglesia donde las damas al atardecer se reúnen a rezar el rosario, una comida exquisita, en fin, que aquel que lleva mi apellido, es un pueblito para comérselo.

"En un documento mozárabe de 1211 aparece Villa Minaya, que es una alquería o labranza en la comarca de La Sisla. En 1251 de nuevo hay referencia de este pueblo, con una población de origen hispano-romano, de base agrícola, que se mantuvo a través de la dominación musulmana, dando lugar a un poblamiento mozárabe, que así les decían a los cristianos que vivían en ese territorio. En 1576, quien era su alcalde declaró que Villaminaya, ya tenía este nombre desde 1211 y era una aldea de Toledo" Minaya es un término vasco relacionado con el pastoreo y viene a significar "pastizal". El pueblito tiene hoy 597 habitantes, una extensión de 21 km., una altitud de 730 metros y una patrona que es la Virgen de las Angustias, fecha que celebran el 20 de diciembre."

De vivir allí, tendría lo que no tengo aquí, en Denver: vecinas con quien conversar saboreando un cafecito, personas de mi misma edad a quien visitar y con quien salir a caminar, como tanto me gusta. Pienso que por tener mis antiguas raíces en ese pueblito soñador e ilusionado, soy así, amigable, conversadora y caminante, pues lo que vi en Minaya es igual a mí. Es que aunque los españoles durante mucho tiempo nos consideraron hijos bastardos, adúlteros, espurios, fraudulento e ilegales, allá están nuestras raíces y mucho de nuestra cultura. Me pasee por Minaya y mi corazón sintió el abrazo, mi alma se refugió en su entorno y mis ojos grabaron la estampa de lo que pudo ser mi pasado, muy lejano pasado que volvió en presente.

Una escucha hablar y sabe del lenguaje heredado. Una ve la gente sonreír y siente como si fuéramos de una misma familia que vuelve a verse pasado algunos años. Así lo viví, lo disfruté y es algo que no pienso olvidar, por el contrario, quedó mi corazón marcado y mi alma llena de alegría. Cerré los ojos y vi a los míos vivir allí, venir de allí y ser mi propia sangre, mi herencia de suspiros, alegría y lágrimas, mi piel tan igual a la suya, mi manera de pensar y de actuar tan Minaya que todavía mi corazón sigue en Minaya.

Denver, Colorado