Los cementerios
Se dice, con razón, que se puede comprobar el grado de civilización de un pueblo por el estado en que se encuentran sus cementerios. Si la frase es cierta, entonces nuestra nación no califica como un ente civilizado.
Nuestros cementerios públicos dan pena. El abandono y la arrabalización es su característica principal, sin olvidar que muchos de ellos son utilizados para actividades ilícitas y contra la moral.
Los ayuntamientos, que controlan casi todos los cementerios públicos del país, parece que no tienen recursos para darles mantenimiento y sin embargo, les sobra el dinero para dietas, personal supernumerario y otras "necesidades" ajenas al presupuesto.
Las grandes ciudades tienen cementerios que son, inclusive, atracciones turísticas. A los nuestros no pueden ir ni siquiera los dolientes, para no encontrarse con la desagradable sorpresa de que sus tumbas fueron profanadas para robarse ¡la caja! donde fue enterrado el pariente fallecido.
Esto es una barbaridad y una barbarie que debiera avergonzarnos.
Las grandes ciudades tienen cementerios que son, inclusive, atracciones turísticas. A los nuestros no pueden ir ni siquiera los dolientes, para no encontrarse con la desagradable sorpresa de que sus tumbas fueron profanadas para robarse ¡la caja! donde fue enterrado el pariente fallecido.
Esto es una barbaridad y una barbarie que debiera avergonzarnos.
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