Los Impuestos a las Bebidas Alcohólicas

Tan pronto la Cervecería Nacional Dominicana fue adquirida por Ambev, el negocio de la cerveza volvió a ser un monopolio. Muy poco tiempo después, antes de que entrara en vigencia la reforma tributaria, la Cervecería aumentó los precios en más de un 20%. Ahora arguye que la reforma ha hecho que sus ventas disminuyan significativamente y soslaya el impacto del aumento decidido voluntariamente por ella. Quiere que se reduzca el selectivo ad-valorem, que es el impuesto que se paga sobre el precio de cada producto. Hay otro impuesto -el selectivo por grado alcohólico- que es un monto específico por unidad de alcohol.

Este último tributo fue aprobado por el Congreso al final de 2003, como resultado del trabajo orquestado del poderoso lobby de la cerveza y los importadores de bebidas alcohólicas, el cual logró, además, eliminar el impuesto selectivo ad-valorem. La Cervecería se benefició de esa reforma inmediatamente, al promover la cerveza light, de menor graduación alcohólica que la regular, pero vendida al mismo precio, ganándose así el diferencial de impuestos entre una y otra. Los importadores comenzaron a vender más productos de alto precio que antes, pues al ser el nuevo impuesto por grado alcohólico y no por precio, dichos productos se vieron favorecidos por un menor impuesto relativo. El fisco no hizo un gran negocio con esa reforma y por eso se agregó posteriormente el selectivo ad-valorem. La Cervecería reclamó y Leonel Fernández cedió bajando la tasa de dicho impuesto a la mitad. Ahora esa concesión ha sido revertida parcialmente y ella vuelve a reclamar.

Es bueno señalar las ventajas y desventajas de ambos impuestos, para que la razón, y no la presión, se imponga. Analizaremos uno solo (selectivo por grado alcohólico) y, por contraste, se apreciarán las fortalezas y debilidades del otro (selectivo ad-valorem).

Ventajas:

a) Es la herramienta tributaria más adecuada para desincentivar el consumo de alcohol, no la única, pues quien ingiere más unidades de alcohol paga más.

b) En el caso de una guerra de precios entre competidores, como ocurrió entre la Cervecería y Ambev antes de la compra, le garantiza al fisco un ingreso que no se altera ante una baja en los precios, contrario a lo que hubiera sucedido si solo existiera el ad-valorem.

Desventajas:

a) Si este fuera el único impuesto, el fisco no captaría los ingresos que el ad-valorem le proporcionaría ante alzas de precios.

b) Favorece a los importadores de bebidas alcohólicas y perjudica a la industria licorera nacional, pues un producto importado más caro, con una graduación alcohólica igual a la de uno nacional, paga el mismo monto de impuesto, lo cual lo hace más atractivo en términos relativos, ya que la relación carga tributaria/precio es menor.

c) Por la misma razón anterior, favorece a los consumidores de ingresos altos y perjudica a los de ingresos bajos, contrario al ad-valorem, que tiene la misma relación carga tributaria/precio para todos los productos, ya que es un porcentaje y no un monto específico.

Hay, pues, suficientes argumentos para mantener los dos impuestos. Lo que no logra uno lo consigue el otro. Además, debe haber un equilibrio entre ambos, ya que, de lo contrario, se puede beneficiar exageradamente a una parte y perjudicar peligrosamente a otra. Por ejemplo, la cerveza y el vino tienen un bajo contenido alcohólico, pero un alto precio de venta por unidad de alcohol, lo que indica que el impuesto que más los beneficia es el selectivo por grado alcohólico. El ron tiene un alto contenido de alcohol y un bajo precio por unidad de alcohol, por lo cual el impuesto que más le conviene es el selectivo ad-valorem. El whisky y el vodka tienen también un alto contenido de alcohol, pero su precio por unidad de alcohol es más alto y, por tanto, sus importadores se oponen al ad-valorem. Las razones expuestas explican por qué los importadores de bebidas alcohólicas y la Cervecería se aliaron en 2003 para implantar el selectivo por grado alcohólico y eliminar el ad-valorem y por qué este tema, si se trata a la ligera, puede generar ventajas no competitivas. Reducir el impuesto selectivo ad-valorem significaría romper un precario equilibrio alcanzado y favorecería la inequidad a expensas del fisco.

El sector de las bebidas alcohólicas tiene otros problemas que sí merecen la atención del Estado, como son la evasión tributaria, la falsificación, el contrabando y la ley de desarrollo fronterizo. Combatir esas fugas es la mejor manera que tiene el fisco de hacer justicia al sector y a sí mismo, ya que reflejan formas ilegítimas de competir a costa del erario.