Perspectiva geopolítica 2022

Según Robert Kaplan, nos encontramos en un mundo de “anarquía comparativa”

Es innegable que la globalización y la revolución de las comunicaciones han dado más vigencia e importancia a la geopolítica. Este término, creado por el sueco Rudolf Kjellen, es definido por este como “la ciencia del Estado en tanto que organismo geográfico, tal como se manifiesta en el espacio”; otra acepción que la enmarca es que se ocupa de la lucha por el espacio y el poder.

Nos encontramos en un punto de inflexión histórica, la primera civilización planetaria donde la pandemia del COVID-19 se convirtió en un acelerador de procesos geopolíticos que ya estaban en marcha y que implican el desplazamiento a un mundo multilateral, con una menor incidencia transatlántica; es decir, un mundo post-occidental, el eje del planeta hizo su giro hacia el océano Pacífico, donde se encuentran importantes jugadores de la geoeconomía mundial: China, India, Japón y Vietnam, entre otros.

El principal vector en el que se están articulando las relaciones entre los Estados es la tensión entre los Estados Unidos de América y China, lo que se ha denominado como la “trampa de Tucídides”, cuando una potencia hegemónica se ve amenazada por otra en ascenso.

Un elemento importante a considerar en la rivalidad chino-estadounidense es el acercamiento de Rusia a China; según el informe de 2017 sobre la Seguridad de los Estados Unidos de América, la principal para los intereses de esta potencia dejaba de ser el terrorismo que había sido sustituido por la alianza chino-rusa, el eje Pekín-Moscú.

El exsecretario de Estado Henry Kissinger, desde la década de los años 70 del siglo pasado, ha planteado que para los Estados Unidos de América es más importante y estratégico el acercamiento de Moscú con Washington que con Pekín y, de igual forma, que Pekín debería estar más cerca de Washington que de Moscú.

La alianza entre Xi Jimping y Vladimir Putin, quienes dirigen dos países con una extensión territorial que excede los 26 millones de kilómetros cuadrados y con una determinante esfera de influencia en los países vecinos, da un giro impresionante a la geopolítica global desde la época de los mongoles en el siglo XIII, por abarcar un espacio fundamental de la zona que el gran geopolitólogo Halford John Mackinder llamó la “región cardial o heartland”.

Es evidente el error de los estrategas de política internacional de los Estados Unidos de América, en especial la administración Obama, que subestimó a Rusia, confiriéndole un simple estatus de “potencia regional”; así como, también, de los europeos.

Según el experto en geopolítica Robert Kaplan, nos encontramos en un mundo de “anarquía comparativa”, que vendría a ser un contexto de un nivel de caos muy superior al existente durante los períodos de la guerra fría y la posguerra fría.

Asimismo, nos encontramos en un mundo post-occidental, donde el Asia posee más del 60 por ciento de la población del planeta, 6 de cada 10 habitantes del mundo son asiáticos; Europa apenas tiene el 7 por ciento y la historia nos ha enseñado que la demografía es el destino.

Pekín, además de tener a Rusia como aliado, tiene superávit comercial con más de 170 países de los 193 que componen las Naciones Unidas, entre los cuales se encuentran los Estados Unidos de América (con un déficit aproximado de U$316,900 millones de dólares en el 2020).

África, continente cuya economía ha venido creciendo más que la de Asia, es un espacio donde política y económicamente los chinos han ido desplazando a los Estados Unidos y a los europeos.

En América Latina, los chinos han desplazado a los Estados Unidos de América como socio comercial de importantes países de la región como: Brasil, Argentina, Chile, Perú y Uruguay. En otros países de la zona, ha incrementado exponencialmente su presencia en comercio y en inversiones.

Es evidente que la zona del mar del sur de China, por donde cruza el 60 por ciento del comercio mundial, será una zona de conflictividad: Taiwán, las islas Spratlys, las Paracelsos, las Diaoyu o Senkaku.

El foco perturbador seguirá en el Medio Oriente, la ancestral rivalidad suni-shii entre Arabia Saudita e Irán, que alcanza toda la zona del golfo Pérsico; la guerra en Yemen, la presencia de la guardia revolucionaria iraní (Pashdarán) en Siria, la influencia del Hezbollah en Líbano, y el aporético conflicto israelí-palestino.

La Federación Rusa, con su presidente Vladimir Putin, tratará de preservar su esfera de seguridad y evitar la ampliación de la OTAN a Ucrania, tanto Donetsk como Lugansk. George Kennan, diplomático y estratega que diseñó la política de la época de la guerra fría para los Estados Unidos de América, refería la importancia de tomar en consideración que Rusia no solo tiene el fantasma de ser invadida, sino que lo ha sido, en varias ocasiones: los mongoles, Napoleón y Hitler.

A las habituales disputas geopolíticas y las luchas por el poder en el mundo se agrega la crisis climática. Según los pronósticos de organismos de reputada credibilidad la duración y frecuencia de los desastres naturales que se anticipan, ante el impacto del calentamiento global, seguirán provocando grandes desgracias en todo el orbe; debiendo tomar en consideración como esta combinación de perjudiciales elementos inciden en la crisis migratoria a nivel global. 

La pandemia del COVID-19 seguirá manifestándose con distintas variantes, afectando no solamente la salud mundial, sino también la economía planetaria, con serias implicaciones en la logística del comercio mundial (crisis de los contenedores) y sus consecuentes efectos inflacionarios.  

A las incertidumbres en el mundo se agrega un gran déficit de gobernanza global para atender problemas comunes a todos: crisis geopolíticas, pandemias, calentamiento global, migraciones, representan la encrucijada de la especie humana en un mundo contemporáneo donde no puede existir solución local sin atención a los problemas globales.

Es una desgracia la ausencia de visión común de destino de los principales hegemónicos del planeta, quienes mantienen la visión de un mundo hobesiano, del hombre como lobo para el hombre, más que de reglas y normas.