Miguel se queda sin opciones

Pero llega tarde, pues Leonel comió primero

Miguel se sometió al chantaje de sus antiguos compañeros, que no se cansaban de contar que era un traidor, y no hizo con tiempo el acercamiento, o la conversación, o la negociación, con los peledeístas.

Era evidente desde el principio que todos los caminos conducían a Roma, sin importar si el césar era Leonel o Danilo.

Ahora tiene que ponerse a ablandar habichuelas de las malas cerca del mediodía para un moro que debe estar listo a las doce, o a pedir mucho, cuando el reparto con Leonel deja a Danilo con las manos casi vacías.

Sin embargo, pedir es lo de menos, pues en la lógica de todo comercio, lo que importa es ponerse en precio. Lo de las provincias se cae solo, o lo tumba la Junta, o con la ley o con su resolución.

Además, como pintan las cosas, lo suyo no es tanto ganar como sobrevivir, y de los tsunami se sobrevive de una sola manera: sumergiéndose lo más hondo, donde no llegue la fuerza y el arrastre de las olas.

Lo que no puede es quedarse a la intemperie, o confiarse en sombrero o en paraguas, pues o lo quema el sol o lo empapa la lluvia.