¿Habrá guerra?
En las últimas dos semanas, amigos de aquí y de afuera, me han hecho esta pregunta extrema: ¿habrá guerra entre Haití y República Dominicana?
En las últimas dos semanas, amigos de aquí y de afuera, me han hecho esta pregunta extrema: ¿habrá guerra entre Haití y República Dominicana? La respuesta que les doy a ellos y a los que me leen, es un rotundo NO. Esa no es una posibilidad ni remota en estos momentos, a pesar de que hay uno que otro loco de este lado y del otro de la isla que barajee en su cabeza un escenario tan maligno.
¿Las razones? La primera es que este diferendo por el agua del río Masacre no es el primero ni será el último en los límites fronterizos, donde, de hecho, cosas peores que estas han pasado sin que se haya disparado un cañón. La segunda es que este conflicto es uno esencialmente económico, en el cual los haitianos forcejean para sacar ventajas y en la trastienda hay muchos intereses moviendo los hilos. La tercera es que ninguno de los países está en posición de asumir una campaña militar de ningún tipo y los problemas que ella conllevaría, tanto en su organización como en su sostenimiento. La cuarta es que el desacuerdo es usado como balón político por ambos países, lo cual durará hasta que deje de ser útil, por lo que acabará a la corta o a la larga con una solución. Y la quinta es que la crisis ha servido como mecánica perfecta para llamar la atención de la comunidad internacional hacia la necesidad de tener una fuerza de intervención en Haití, lo cual está funcionando y la decisión está a punto de caramelo.
Así que no se alarmen. Pensar en un escenario de guerra por estos lares o pretender promoverlo es una necedad. Estos países tienen más encuentros que desencuentros y una solución a la crisis está a la vuelta de la esquina, porque es lo que, a la hora de hacer las sumas y restas, dará los mejores resultados a los actores de esta novela.
Lo que sí deben saber los dos gobiernos es que hay gente asustada y preocupada por la escalada de esta crisis. No deben perder de vista que la defensa de la seguridad nacional no tiene que proyectar un escenario innecesario de conflicto extremo, que atormente el día a día de la gente común y les genere incertidumbre. Pensemos en eso, sobre todo, cuando escribimos en el mundo social.
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