Nacionalidad paterna
A medida que los derechos humanos fueron ganado terreno, y se fue imponiendo el interés de algunas fuerzas políticas en regímenes democráticos por aumentar su caudal de votantes agradecidos, las reglas que pautan la adquisición de la nacionalidad en varios países se han ido flexibilizando.
De los requisitos de propiedad como condición para la ciudadanía sólo quedan vestigios, y la emancipación femenina terminó de derribar muchas otras restricciones.
Hay excepciones, sin embargo, varias de ellas en las excluyentes monarquías del Oriente Medio. Aún en las sociedades socialmente más avanzadas de esa región se observan pautas de acceso a la nacionalidad difíciles de aceptar como justas.
En Jordania, algunos de los que nacen en su territorio son ciudadanos y otros no, y lo que lo decide es la nacionalidad del padre del recién nacido.
Si el padre es jordano, el niño lo es también, pero si no es jordano el niño se queda sin serlo, supuestamente recibiendo la nacionalidad de su padre. Pero ese supuesto no es siempre válido, sea porque el padre no lo reconoce, el país del padre no le considera ciudadano, o simplemente el padre es un refugiado palestino sin un Estado formal constituido.
Esa regla no es nueva, data desde 1954, y se endureció cuando Jordania dejó de otorgar la nacionalidad automática a los desplazados por la ocupación israelí de la banda occidental del río Jordán.
Aún si la madre es ciudadana jordana, ella no puede transmitir su nacionalidad a sus descendientes.
Aparte de las decenas de miles de personas cuyos padres son ambos extranjeros, se estima hay unos 360,000 niños nacidos en Jordania de madres jordanas y padres extranjeros. Tienen que solicitar un permiso para trabajar y una tarjeta de residencia, van detrás de los jordanos en las prioridades de empleo, y sólo en noviembre pasado se les dio el derecho de recibir educación intermedia y atención médica gratuitas.
gvolmar@diariolibre.com
En Jordania, algunos de los que nacen en su territorio son ciudadanos y otros no, y lo que lo decide es la nacionalidad del padre del recién nacido.
Si el padre es jordano, el niño lo es también, pero si no es jordano el niño se queda sin serlo, supuestamente recibiendo la nacionalidad de su padre. Pero ese supuesto no es siempre válido, sea porque el padre no lo reconoce, el país del padre no le considera ciudadano, o simplemente el padre es un refugiado palestino sin un Estado formal constituido.
Esa regla no es nueva, data desde 1954, y se endureció cuando Jordania dejó de otorgar la nacionalidad automática a los desplazados por la ocupación israelí de la banda occidental del río Jordán.
Aún si la madre es ciudadana jordana, ella no puede transmitir su nacionalidad a sus descendientes.
Aparte de las decenas de miles de personas cuyos padres son ambos extranjeros, se estima hay unos 360,000 niños nacidos en Jordania de madres jordanas y padres extranjeros. Tienen que solicitar un permiso para trabajar y una tarjeta de residencia, van detrás de los jordanos en las prioridades de empleo, y sólo en noviembre pasado se les dio el derecho de recibir educación intermedia y atención médica gratuitas.
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