Concienciar, no alarmar

En muchos de los llamados a la población para que haga conciencia de la gravedad del coronavirus se incurre en el error de privilegiar en el mensaje meter miedo. Se pone en el primer lugar solo inducir a la gente a que se recoja, a que se movilice nada más de ser necesario. Pero se margina, y no se les da protagonismo, a grupos organizados, a universidades, a juntas de vecinos, a las iglesias, a los líderes locales... En todo caso, si es cierto como dicen que el coronavirus llegó para quedarse y que debemos aprender a convivir con él, con más razón para que el reto sea asumido por toda la sociedad y no dejar que el partidarismo político, con su discurso siempre a conveniencia y de amarguras y lamentos, se ocupe de todo.