De picardía y de pícaros
A lo largo de esta semana hemos visto en la arena cómo la mayoría de nuestros políticos despliega sus mejores dotes, unos con elegancia y fino tacto, otros con rudeza y sobresaltos, pero todos exhiben una picardía que es innata del quehacer político. Que nadie piense que al relacionar picardía y política insinúo algo malo, puesto que por definición picardía es sagacidad, astucia, habilidad. Lo que es malo es ser pícaro, que en nuestro país tiene una connotación atribuible a muchos políticos, que no son enemigos ni desprecian al prójimo porque lo necesitan para, en palabras de monseñor Arnaiz, “servirse de él, para vivir de él, para jugar con él y para medrar a su sombra”. Ese pícaro carece de picardía.