Dos muy caraduras

Al individuo descarado le importa poco el qué dirán y procede con desenfado. Es lo más parecido al alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, que llamó a boicotear el turismo dominicano y tuvo el tupé de ir al desfile y caminar sonriente, entre abucheos, agitando la bandera tricolor. Pero también existe el individuo torpe, de poco tacto, sin sentido de la prudencia. A ese club pertenece Almagro. No debió venir ni hablar del ‘65. “La presencia del ofensor suele renovar la injuria en el ofendido” (Cervantes).