El envidioso
“La envidia no mata pero mortifica”, es una frase hecha a la medida de los que no soportan el éxito ajeno, y más el de aquellos que descuellan en alguna actividad. El triunfador, no así el fracasado, es motivo de envidia, traiciones e intentos de menoscabo. La única grandeza de los que carecen de méritos personales, incapaces de reconocer y admirar, es que andan a cuestas con un arsenal de descrédito y maledicencias, siempre prestos a distinguir con andanadas de lisonjas baratas a los de su misma estirpe.
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