El presidente lo puede todo
Nuestro escaso desarrollo reedita a diario un presidencialismo sui géneris que, más que un sistema de organización política, es una cultura que enseña que el Presidente de la República es todopoderoso. En un santiamén enriquece a un pobre o empobrece a un rico; puede acercar o alejar huracanes e inventarse hoy el tema principal de la agenda nacional y sustituirlo mañana. Es un fenómeno para ser estudiado, aunque si nos lleváramos de esa estúpida y acientífica lógica, al presidente le convendría sacar al Licey del sótano para animar el circo de la pelota. Será difícil, eso sí, que lo acusen de inventarse las navidades, período en el que la gente, embelesada y metida en fiestas, se margina de los problemas cotidianos.
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