La arrogancia no paga (II)
Cuando no hay pudor; cuando se actúa con desenfado y se transgreden conscientemente las normas establecidas, se orillan los caminos de la prostitución. Es cuando ni siquiera se disimula para evitar las murmuraciones. Cuando se actúa de esa manera, desaparece todo incentivo para cultivar el buen nombre y guardar apariencias, que es como decir perder la vergüenza. La perorata no es para nada ni para nadie en particular, pero si por pura coincidencia a alguien le sirve el traje, que se lo ponga.
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