La libertad de informar
En días recientes aconsejé a una colega periodista que se saliera de un debate sobre la privacidad, la dignidad de la persona y lo que distingue al morbo de lo noticioso. Y lo hice porque lo que está ganando el juego, incluso desde las propias redacciones, es la velocidad y el trabajo contra el tiempo en desmedro de criterios elementales del ejercicio de la profesión, lo que lleva a faltar a la ética y a ceñirse a una sola fuente y a atender rumores. Se habla de nuevos tiempos que obligan a ser los primeros sin importar el precio, pero debiera reflexionarse sobre los límites para informar de la vida privada de una persona pública y la de su familia, y en qué contexto sería tema razonable para consumo de los lectores.
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