No transar con el que difame

Hipólito debió pedir al senador difamador que como reparación moral se hincara en un guayo frente a la virgen de Regla, madre espiritual de Baní, durante siete días, uno por cada año transcurrido desde la afrenta. No basta con disculparse, como si un daño a la dignidad de una persona pública y a la de su familia se lavara con agua y jabón. La retractación se la lleva el viento, y es por eso que lo de Hipólito y Wilton resulta muy diferente a lo de Peralta y Faña. El ministro Administrativo no cejó hasta un veredicto, y con la condena sienta un precedente para que no se trance ni se pacte con la injuria. Ojalá que la sentencia contra el dirigente del PRM ayude a adecentar el ambiente y sea un disuasivo para los difamadores.