Obsolescencia política
La eternidad es otra forma de morir. Lo permanente se fosiliza. La renovación es la única manera de lograr cambios. El siglo XX inauguró una práctica en el mercado de bienes que garantiza el dinamismo, la obsolescencia programada. Los productores de bombillas, reunidos en sociedad, acordaron fabricar lámparas que no superaran las mil horas de duración. Cumplido el plazo, las bombillas se apagaban para siempre. La obsolescencia programada pudiera ser la solución a nuestros liderazgos eternos. El país ganaría mucho si las organizaciones políticas limitaran la aspiración de sus líderes imprescindibles. Si algunos se apagaran podrían otros aportar luz nueva. hfigueroa@diariolibre.com
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