Pobreza y desarrollo
El peor enemigo que tiene el desarrollo de la sociedad dominicana es la pobreza.
La pobreza espiritual y la pobreza material.
La pobreza material obliga a conductas que son socialmente nocivas. Obliga al "familismo amoral", es decir, a actuar en provecho propio sin mirar a los demás, en el entendido de que los otros harán lo mismo.
La pobreza material obliga a la indignidad, a vender el voto, a confundir el trabajo y la pordiosería, a perder la vergüenza asociada al comportamiento digno en toda circunstancia y a tener que mirar hacia otro lado aunque la conciencia moral diga otra cosa.
La pobreza espiritual es un fenómeno que se ha agravado por la destrucción de los hogares y la separación familiar que trae la emigración, así como por la baja calidad de la formación que se recibe en el hogar y en los elementos socializadores de la comunidad.
En nuestro medio, la escuela no forma ni informa y ya los vecinos no se atreven a corregir a los niños del vecindario como era antes. Hoy más que nunca se requiere aplicar el proverbio chino de que para educar a un niño se requiere toda una comunidad.
Por tanto, para lograr el desarrollo se requieren políticas que fomenten la solidaridad y el empleo, que luchen contra el individualismo rampante y contra las dádivas. Que la dignidad personal sea virtud de cada ciudadano y que sea misión de los poderes públicos predicar con el ejemplo la honestidad, la transparencia y el cumplimiento del deber.
atejada@diariolibre.com
La pobreza material obliga a la indignidad, a vender el voto, a confundir el trabajo y la pordiosería, a perder la vergüenza asociada al comportamiento digno en toda circunstancia y a tener que mirar hacia otro lado aunque la conciencia moral diga otra cosa.
La pobreza espiritual es un fenómeno que se ha agravado por la destrucción de los hogares y la separación familiar que trae la emigración, así como por la baja calidad de la formación que se recibe en el hogar y en los elementos socializadores de la comunidad.
En nuestro medio, la escuela no forma ni informa y ya los vecinos no se atreven a corregir a los niños del vecindario como era antes. Hoy más que nunca se requiere aplicar el proverbio chino de que para educar a un niño se requiere toda una comunidad.
Por tanto, para lograr el desarrollo se requieren políticas que fomenten la solidaridad y el empleo, que luchen contra el individualismo rampante y contra las dádivas. Que la dignidad personal sea virtud de cada ciudadano y que sea misión de los poderes públicos predicar con el ejemplo la honestidad, la transparencia y el cumplimiento del deber.
atejada@diariolibre.com
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