Ramón, el limpiabotas

Lo iba a entrevistar en el programa Diario Libre AM. Era el candidato presidencial de una de las agrupaciones de izquierda.

Antes de comenzar la entrevista me preguntó: ¿usted se acuerda de mí?

- Claro, le respondí. Eres de Moca, igual que yo...

Y entonces me dejó con la boca abierta cuando me dijo: - Yo era el que le limpiaba los zapatos cuando usted iba a ver a su novia a La Vega, en el Parque de la Victoria...

Era Ramón Almánzar, el candidato presidencial, el limpiabotas hecho profesional y líder de masas, el hombre de una solidez de principios y de una humildad que obligaba al homenaje, aunque se pensara distinto, y se le viera como enemigo.

Fueron inútiles las bromas de Yolanda Martínez, mi compañera de programa, sobre si le daba propinas o sobre la calidad de los zapatos. La candidez y calidez de Ramón no pudieron borrarme la cara de asombro y vergüenza. ¡Qué respeto sentí y siento por un hombre de esa solidez moral y de una humildad tan acrisolada!

Así como la vida no pudo doblegarlo en el logro de sus aspiraciones, tampoco el oro corruptor o las persecuciones pudieron impedir que se entregara con ardor a la causa de los más pobres y de la dignidad.

En Ramón Almánzar tuvo el país a un hombre radical en los principios, a un dirigente responsable y a un ciudadano conocedor de sus derechos y de sus deberes.

Hoy se ha ido, y en la Patria se siente un vacío “que no lo llena el aire”, como dijo el poeta criollo.

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