Rasgarse las vestiduras (3 de 3)

-Venerado filósofo Vitriólico, le reitero la pregunta sobre el significado de la palabra estar en tránsito en nuestra constitución.

-Querido discípulo, en este país plagado de masoquistas donde a una tortuga se le mira la arista política partidaria antes de decidir si se certifica o no que es una tortuga; en una sociedad con temor a actuar en el tema inmigratorio por el complejo de culpa ya señalado, hay que estar consciente de que cuando en la constitución se utiliza la palabra de extranjeros en tránsito es para referirse a aquellos que no hayan sido aceptados según las normas migratorias, es decir a los ilegales, a los que han ingresado al territorio sin el consentimiento de la autoridad legítimamente constituida.

-Y, ¿que significa eso?

-Significa que a esa categoría de personas no se le debe reconocer derecho alguno en materia de transmisión de la nacionalidad y, en consecuencia sus hijos nacidos en este suelo no adquieren la condición de dominicanos. El tribunal lo único que ha hecho es desenmarañar este concepto y darle la connotación real que tiene en nuestra práctica política y social. Y sepa que esto no es un mandamiento tallado en piedra y que en otros países puede que sea diferente de acuerdo a su idiosincrasia y a sus intereses nacionales.

-Pero algunos dicen que a los nacidos en territorio dominicano debe aplicárseles el ius solis, y por tanto, son dominicanos, ¿no es así?

-Usted sabe que la costumbre hace ley, y que lo que se ve como algo natural hace derecho. Pues bien, la práctica en este país siempre ha sido considerar que los inmigrantes ilegales y sus descendientes no son sujetos de aplicación del ius solis. A esos fines están al margen de la ley y no dentro de ella, y por tanto burlando a la autoridad y a las leyes. Esa es una defensa in extremis en que se ampara el estado de derecho dominicano: aplicar la categoría de estar en tránsito a todos aquellos a los que el aparato legal no está en capacidad de repatriar, ni identificar, y ante la impotencia evidente bloquear su acceso al ius solis como mecanismo de defensa de última instancia de la nacionalidad.

-No puede negar que esa es solo una interpretación suya. Podría ser que haya otras, ¿no es verdad?

-Así es, al igual que hay miles de millones de gotas en cada aguacero que cae, pero la importante, la que nos pertenece a nosotros y a nadie más, es la que cae en nuestro territorio, no en el de otros. Eso lleva al punto más relevante.

-¿Cual es ese punto?

-El comienzo de todo. Este es un asunto de soberanía. Y en esa materia la definición la hace el país soberano, no extraños, por más cortes internacionales que hubiere.

-No está mal. ¿Acaso está dictando jurisprudencia?

-Líbreme señor de ese mal. Sólo trato de poner las cosas en su verdadera perspectiva. Un país pobre como somos no debe dejarse invadir pacíficamente y encima permitir que esos invasores reclamen derechos por haber sido violadores de nuestras leyes y beneficiarios de nuestra indolencia y carencia de decisión para encarar y resolver los problemas básicos. Y mucho menos si esos pretendidos derechos tienden a desnacionalizar a los verdaderos dominicanos, pues eso es lo que estaría sucediendo.

-Oiga, la constitución haitiana no decía o dice que se es haitiano por ius sanguini, o sea por derecho de sangre, y que cumplida esa condición jamás se pierde. De ahí que los nacidos de padres haitianos en el territorio que fuere, siempre serán haitianos, ¿no es así?

-Si y no, depende.

-O sea que puede que llueva o puede que no llueva; si cae, caerá, y si no cae es porque no ha caído.

-Bueno, más o menos. Desde que el mundo es mundo los intereses se han impuesto sobre los principios. En Haití aquello del ius sanguini para siempre ha cedido al ius interés. Parecería que ya el orgullo de ser ha perdido relevancia y ha dado paso a la necesidad de vivir. Al fin y al cabo se comprende, se entiende, si uno se sitúa en la cabeza de ellos. Es una reacción que conviene a sus intereses pero no a los nuestros.

-Lo extraño es que ellos en medio de su atraso mayor que el nuestro hayan sido capaces de identificar con claridad sus intereses vitales y defenderlos buscando apoyo en el contexto internacional. En cambio, nosotros no. ¿Habrá hecho el caballo de Troya un trabajo eficiente?

-Si, lo ha hecho, pero siempre queda la posibilidad de reaccionar y poner las cosas en su lugar.

-Filósofo venerable, creo que en algo ha aclarado mi turbación, pero ¿habremos ganado algo con esta sentencia, si no existiere la voluntad política de detener y revertir la inmigración ilegal?

-¡La sentencia del Tribunal Constitucional es importantísima, pero más lo será comenzar a aplicar con rigurosidad las normas migratorias y el correspondiente plan de regularización, junto a la raya de Pizarro! De lo contrario, a la patria de Duarte puede que los días le estén contados.

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