Distracciones
Cuando el algoritmo y la polarización valen más que los problemas cotidianos
Estados Unidos vive una división política que ya no se explica solo por diferencias ideológicas. Millones de ciudadanos discuten y consumen contenido en redes sociales sobre temas raciales, identidad de género, el aborto, feminismo, y programas de diversidad, equidad e inclusión mientras los problemas que de verdad les aprietan la vida se acumulan, y cada vez se parece más a un país tercermundista pero con poder para ejercer coerción mundial.
El caso de Karmelo Anthony y Austin Metcalf refleja esa preocupante dinámica. El hecho ocurrió durante una competencia atlética, mientras llovía. Austin, integrante de uno de los equipos, le exigió a Karmelo, miembro de un equipo rival, que abandonara la carpa donde se encontraba. Karmelo se negó y ambos sostuvieron una discusión que escaló después de un empujón atribuido a Austin. En medio del altercado, Karmelo sacó una navaja tipo sevillana y apuñaló a Austin, quien murió inmediatamente a causa de la herida.
El caso fue convertido de manera liberada, incluyendo la barra de la defensa, y por narrativas falsas extendidas por las redes sociales en una consigna racial. Durante el juicio, Karmelo se negó a admitir el homicidio luego de conseguir cientos de miles de dólares a través de donaciones por internet y abogados muy caros. Alegó legítima defensa. Al negarse a declararse culpable fue condenado a 35 años de prisión.
El show/juicio se ha convertido en uno de los casos más relevantes de este año. Mientras tanto, los problemas cotidianos siguen ahí, menos virales, pero mucho más decisivos.
El acceso a la salud en Estados Unidos es una carga insoportable para millones de familias. Enfermarse puede significar endeudarse, posponer tratamientos o escoger entre medicamentos y otros gastos básicos. Para muchos hogares el salario no alcanza mientras la inflación se come el salario de la población.
A eso se suma el futuro laboral. La inteligencia artificial, la automatización y la transformación de la economía crean oportunidades. Muchos jóvenes estudian endeudándose sin certeza de que el mercado les devuelva el esfuerzo. Muchos trabajadores adultos sienten que sus habilidades envejecen más rápido. Y al mismo tiempo, el consumo de drogas en ese país producen unos 100 mil muertos al año por sobredosis, además de los problemas conexos: familias rotas, una reducción contundente de la productividad del país, y la delincuencia e inseguridad.
República Dominicana tiene sus temas que distraen. Por ejemplo, la pasada semana el Gobierno aprobó unos ajustes fiscales que llamó plan anticrisis que contó con el apoyo de la opinión publicada. Pero no deja de sorprendernos cómo los legisladores y el Gobierno (que no está solo) cedieron a la presión de las bancas de lotería.
La propuesta original del Gobierno llevaba el impuesto único anual de las bancas de lotería a 120,000 pesos. Y de golpe y porrazo lo redujeron en un 33 %. Es doblemente llamativo porque fue muy poco el espacio de negociación que dio el Congreso, en tiempo y en debate, pero las bancas de apuestas dieron el palo de la gata.