Dato y relato

Disminución de homicidios y robos frente al impacto emocional de los delitos residenciales

Los números dicen una cosa y el miedo puede decir otra. Y ambas pueden ser ciertas.

La tasa de homicidios ha bajado. Los robos reportados también. Son datos relevantes y sería incorrecto utilizar tres hechos de alto impacto para afirmar que la delincuencia está aumentando en República Dominicana. Pero tampoco basta con colocar una estadística frente a quien acaba de ver cómo un delincuente persigue a un joven hasta el interior de su edificio.

En menos de un mes ocurrieron tres casos con enorme repercusión: el ataque contra Gustavo Mejía-Ricart, en Serrallés; el asalto en la residencia de Julián Oro Duro, donde fue asesinada su esposa y la entrada de un hombre a la vivienda de Kenny Grullón.

Hay un elemento común que explica parte del impacto: la casa. Durante años, buena parte de la respuesta individual ante la inseguridad ha consistido precisamente en proteger ese espacio con rejas, verjas, cámaras, controles de acceso, seguridad privada y puertas reforzadas. La calle puede percibirse insegura, pero la vivienda conserva la condición de refugio.

Cuando el delito atraviesa esa frontera, su efecto sobre la percepción puede ser mayor que su peso estadístico.

Esto explica, sin rebatir los datos oficiales, por qué una reducción de 15.8 % en la tasa de homicidios o de 40.5 % en los robos reportados no necesariamente produce una disminución equivalente en el temor ciudadano.

La propia ministra de Interior y Policía, Faride Raful, lo resumió correctamente: datos y percepción miden cosas distintas. El desafío de la política de seguridad, entonces, tiene dos dimensiones. Una es continuar reduciendo los delitos reales y demostrarlo con estadísticas confiables. La otra es conseguir que esa mejoría pueda sentirse en la vida cotidiana.

¿Se puede ser estadísticamente más seguro que hace cuatro años y, al mismo tiempo, tener ciudadanos que todavía no se sienten seguros? La contradicción es solo aparente. Ese es precisamente el problema que falta resolver.

Periodista dominicano. Ha trabajado en los periódicos Diario Libre, El Caribe y Listín Diario donde ha ejercido cubriendo las fuentes de deportes y ciudad. Ha trabajado en radio, televisión y proyectos digitales.