Todos somos dominicanos. Todos somos humanos
Ser dominicano es una creación humana de la cual nos sentimos orgullosos. Gracias a Juan Pablo Duarte y los Trinitarios nacimos como nación, como proyecto colectivo. Creación humana basada en principios trascedentes: Dios, Patria y Libertad.
Ser humano es para nosotros los cristianos una creación divina y también humana. Divina porque hemos sido creados "a su imagen y semejanza" y humana, por nuestra dimensión física y nuestra capacidad de crearnos a nosotros mismos con nuestros pensamientos, sentimientos, emociones y decisiones. Somos corresponsables de nuestra realidad.
La gran virtud de un pueblo, de una colectividad, de una persona es que empiece a responsabilizarse de sí misma. De su propio desarrollo, de su devenir. De construir y construirse como persona, como ciudadano, como nación. Para ello es imprescindible formar personas y, en términos politico-social, construir ciudadanía.
Por el otro lado, el gran mal de un pueblo, de una colectividad, es que se victimice, se silencie en su propia autocensura y se convierta en masa clientelar. Esto así, porque lamentablemente para muchos la política es un deslucido arte de promesas y engaños de almas hambrientas de mando y poder; no asumen, por el contrario, que "la política es el medio superior de revelar y realizar grandes designios nacionales, materiales y espirituales de la colectividad y para la colectividad." (Arturo Uslar Pietri).
En "La madurez de los pueblos exige tiempo", monseñor Francisco José Arnaiz afirma "ha aparecido también el 'Ser humano light'. Una modalidad humana que crece visiblemente, se expande y amenaza con ser el prototipo de la civilización... se caracteriza por su apariencia de normalidad humana (no siempre, sic.) y profunda deshumanización interior."
¿Qué es entonces lo primordial, ser humano o ser dominicano?
Respondo, precisamente, no tenemos que elegir entre uno y otro. Podemos y debemos elegir ambos: seamos dominicanos y por amor de Dios, seamos humanos.
Ser dominicano es nuestra identidad. Los que no tienen identidad son como la sombra de sí mismos. No tienen verdadero ser, porque el ser es la identidad. Eso que tú eres se deriva de pertenecer a algo y de aquello en lo que tú crees y eliges ser. Tus convicciones, criterios y filosofía de vida. Visión espiritual, principios y fe. Si no sientes amor por nada y no tienes creencias, no eres nada y estás condenado a vagar por la vida como un barco a la deriva.
Ser humano es consustancial a nuestra esencia, a nuestra fe cristiana. Es irrenunciable, es designio universal. Trasciende las identidades.
Cada dominicano tiene un extranjero pobre e inculto en su pasado de emigrante dolido de pueblos distantes en su peor momento, que ha creado con su aporte anónimo y sostenido la realidad de la actual dominicanidad de la que estamos orgullosos. Aquellos que piensan que seguiremos siendo mañana lo que somos hoy, se equivocan; aquellos que piensan que seremos mañana lo que ellos desean hoy, también se equivocan. La vida fluye como constante conjugación dinámica de fuerzas sociales, políticas, económicas e históricas que determinan nuestro devenir como nación.
Más allá del alcance y repercusión de una sentencia de nuestro Tribunal Constitucional está lo humano. Más allá de cualquier interés de naciones extranjeras sobre nuestra soberanía está nuestra integridad como nación. En ese tenor, invito al señor Presidente, en su calidad de Jefe de Estado, a que propicie la unidad y el reencuentro ciudadanos que nos convoque a seguir ese camino inconcluso entre lo humano y lo nacional. Esto es posible a través del diálogo permanente, primero interno, como República Dominicana, segundo, con la hermana República de Haití y con las naciones corresponsables de lo que hoy padece Haití, entre ellas Francia, y por supuesto, con los Organismos Internacionales que buscan recetas, muchas veces calcadas e irreflexivas, para temas y procesos únicos y complejos.
Un gran fracaso para la nación dominicana sucedería si perdemos nuestra identidad y, en un enredo histórico, nos confundimos con otra nación de cultura, identidad, valores y proyecto diferente al nuestro, en un intento malsano de democratizar la pobreza o captar las riquezas ajenas. Pero igualmente, otro gran fracaso para nosotros los seres humanos que residimos en esta media isla, sería que nos creyésemos que para salvar la dominicanidad, como todas las identidades en continuo e infinito proceso de cambio y adaptación, tenemos que vivir haciendo de nuestros vecinos ricos fuente permanente y aceptable de los peores ejemplos de la carencia de humanidad y hacer de nuestros vecinos pobres los permanentes esclavos de nuestra ignominia, a quienes hay que tratar como nuestro enemigo consuetudinario, nuestra exclusión e injusticia cotidiana. Porque entonces habremos "triunfado" como dominicano y fracasado como humanos.
Nelson Espinal Báez
Associate MIT-Harvard Public Disputes Program, Universidad de Harvard
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