A-Sun Wu, el artista que ama la selva
Es una exposición que sabrán valorar los niños.
Santo Domingo. Considerado como uno de los grandes artistas taiwaneses de hoy, A-Sun Wu ha viajado por todo el mundo buscando las raíces universales que explican la fuerza de la vida y la conexión de las culturas tribales con la naturaleza.
Afincado en París, el maestro Wu trabaja cuanto material le cae en las manos. Madera, vidrio, cortezas de árbol, hierro, cerámica... múltiples soportes para plasmar en un lenguaje pictográfico el alma ancestral del hombre que todavía vive en contacto directo con la naturaleza.
De un encuentro parisino entre Marianne de Tolentino, Directora General de la Galería Nacional de Bellas Artes y este artista viajero, surgió el interés inmediato y mutuo de presentar por primera vez en el Caribe la obra de este artista investigador y viajero.
Como ha dicho el crítico francés Gérard Xuriguera, "sus obras no transmiten vida, ellas mismas son la verdadera vida".
¿Cómo define usted su estilo?, ¿se siente parte de algún grupo, de alguna corriente?
Yo no pertenezco a un estilo determinado, aunque estoy más cerca del Primitivismo. Hice investigaciones en el Pacífico Sur y me influye bastante el dibujo de los aborígenes de esta parte. Trabajo a base de líneas muy simples, es un dibujo muy relacionado a la naturaleza.
Su trabajo está muy relacionado a sus investigaciones antropológicas, ¿qué ha aportado a su arte el contacto con las comunidades tribales?
Tengo un amigo pintor chileno que también se pregunta sobre la relación de mi arte con mis investigaciones antropológicas.... Me gusta la escultura del Pacífico Sur, de toda Polinesia, tengo mucha influencia de su visión de la naturaleza.
En Taiwan tenemos 14 tribus indígenas del mismo grupo del Pacífico Sur y eso hace que tengamos elementos comunes. En China tenemos letras, símbolos, dibujos, es un arte muy caligráfico y además tenemos dos elementos, el femenino y el masculino que están presentes en nuestras culturas de una manera importante, no sólo en el Arte.
Usted ha trabajado muchos materiales, madera, hierro, papel, corteza... ¿con cuál se siente más cómodo, le ha dado más satisfacción?
En mi trabajo trato de captar la fuerza de la explosión de la vida, ese es el factor que lo determina todo, lo más importante. La fuerza de la naturaleza, de la vida. Cualquier material me lo permite. Hierro, madera, papel, cerámica... todo me permite representar este tipo de fuerza.
A su juicio ¿qué papel debe tener el artista en la sociedad?
Todas mis obras quieren destacar la naturaleza y la fuerza de la vida y el diálogo entre la naturaleza y la humanidad. Nací en un campo de Taiwan y luego visité casi 30 países de diferentes continentes. Sobre todo viví muchos años en África y Pacífico Sur y en las dos partes la gente con falta de recursos sobreviviendo con su propia dignidad, eso quiero destacar la nobleza de sus carácter. Eso es lo que me llama, me empuja a crear. Es lo que admiro.
Coincide su visita con la inauguración de la trienal de cerámica, un acontecimiento realmente importante. ¿qué le ha interesado a usted de la cerámica, para dedicarle tanta obra?
Yo nací en un campo y cuando era pequeño no tenía juguetes, la mayoría de mis juguetes eran de barro. Después visité muchos países con cultura maya o inca y en general todas las culturas andinas. Y en estas culturas la cerámica tiene un papel muy importante y mi obra, tanto por ese origen vital como lo aprendido en los viajes posteriores se identifica mucho con la cerámica.
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