Aumenta el uso de lajas en la construcción

Según Minería, la demanda de lajas ha aumentado en un 70 por ciento en los últimos años

La comercialización de lajas en el país es cada día más común, pues esta roca, al igual que otros materiales de construcción, no ha quedado exenta del crecimiento registrado en este sector en los últimos años.

Son apenas rocas rústicas y sedimentarias, pero el uso de lajas es tan diverso como las formas y colores en que se presentan.

Hoteles, plazas comerciales, casas y apartamentos exhiben, tanto en su exterior como interior, la rusticidad de estas piedras, que complementan con un toque natural, el diseño en baños, piscinas, fuentes de agua, pisos y paredes.

Domingo Rodríguez, un vendedor de lajas desde hace más de diez años en el kilómetro 13 de la autopista Duarte, asegura que diariamente en ese lugar se venden entre 40 y 50 metros de esta roca, cuyo precio oscila entre los 180 a los 300 pesos por metro.

Esta cantidad es tres veces superior cuando la comparan con años anteriores, cuando el total vendido no superaba los 20 metros, según afirma.

Según estudios realizados por la Dirección General de Minería, la demanda de este material ha registrado aumentos en un 70 por ciento en los últimos años.

Los datos de Minería indican que las lajas aportan anualmente a sus extractores montos superiores a los 14 millones de pesos, y ofrece sustento de forma directa a unas 3 mil personas.

La diversidad de sus colores está marcada por la región o provincia desde donde se comercializa. La Dirección de Minería detalla en el "Diagnóstico de la pequeña minería y minería artesanal en el área no metálica en la República Dominicana", que las principales actividades mineras en extracción de lajas se dan en las provincias de Puerto Plata y Samaná.

En Puerto Plata la producción anual de lajas se calcula en 37,800 metros cuadrados, mientras que en Samaná la producción es de 85,680 metros cuadrados, según el documento. Pero al momento de su comercialización los polos son más diversos.

Rodríguez clasifica las lajas por color y detalla que las rojas provienen de Samaná y las grises y amarillas de Puerto Plata. Las blancas provienen de Baní, las verdes de Gurabo y la coralina o mármol, llegan desde La Romana.

Indica que, aunque la piedra coralina es la que más llama la atención de sus clientes, "todas tienen buena salida", y que el precio de cada una está determinado por el tamaño de la roca.

El albañil Javier Rodríguez, que además es el encargado de ventas del puesto de lajas donde laboran otras 14 personas, destaca que el trabajo de estas piedras en la construcción resulta más fácil que la colocación de losetas o mosaicos, sin embargo, dice que se debe ser cuidadoso para que quede bonito "porque eso es decoración, el toque de terminación, si queda mal, se pierde la esencia del trabajo". Debido a que las piedras no son uniformes, el albañil aconseja además de tener gran conocimiento del trabajo, realizar un mapa o dibujo previo en la estructura, para conseguir una mejor exactitud al colocar las piezas.

Organización del negocio

Javier Rodríguez asegura que para operar su puesto y todos los demás que existen en el país, sus dueños están organizados y vinculados a la Asociación de Albañiles y Técnicos de la Construcción (Asoalba). La asociación agrupa a unos 20 puestos de ventas distribuidos en varias provincias del país. En la capital funcionan unos seis puestos distribuidos en las avenidas Jacobo Majluta, Luperón, y la Sol Poniente. Además existen otros cuatro puestos de ventas de lajas en Santiago, tres en Puerto Plata y en el Este, entre San Pedro, Bábaro y La Romana, existen otros seis negocios más. La venta de estas rocas se complementa además con ladrillo y balaustres.

A pesar de que los vendedores de lajas requieren de un permiso que le otorga la Secretaria de Estado de Medio Ambiente indicando la cantidad a transportar, la extracción de las lajas se realiza de manera ilegal en el país. Por lo regular la extracción se hace en terrenos privados, propiedad de los explotadores de la minas y sin los servicios básicos necesarios como electricidad, abastecimiento de agua potable, eliminación de desechos y vías de acceso. Carecen además de los equipos de seguridad, lo que pone en riesgo la salud de los mineros.

Según el diagnóstico de la Dirección de Minería los extractores de lajas no poseen una concepción minera de explotación como lo establece la Ley número 146 para tales fines.

Esta situación obliga a los mineros a tener que pagar una tarifa de 3 mil pesos por cada mil talonarios que le otorga Medio Ambiente como permiso de transporte. En caso de que el transportista no posea dicho ticket, será apresado y su libertad le costará unos 5 mil pesos. La producción diaria en las minas se calcula, según Minería, en un promedio de 490 metros cuadrados de lajas. Sin embargo, la cifra se queda baja con el nivel de demanda del producto. Para aumentar la producción los extractores requieren de equipos y maquinarias, además de los servicios antes mencionados, según la entidad. Destaca la gran demanda que tiene las piedras, sobre todo para el sector turismo y la exportación, y cita a Puerto Rico y Miami como los principales receptores de lajas dominicanas. El precio de las mismas en las minas oscila entre los 90 y 150 pesos, según el color.