Biodiversidad dominicana: mil formas de vida por descubrir
Sólo 6 ejemplares del arbusto existían en la parte dominicana de la isla. El Jardín Botánico asumió su cuidado y reproducción.
Santo Domingo. La estrategia para la conservación de la biodiversidad propone algo bien sencillo: evitar la desaparición de cualquier ser vivo, por insignificante o extraño que parezca, ya que entre los muchos secretos que guardan los animales y las plantas, puede estar la solución a problemas de salud o de alimentación. Los ejemplos abundan: en el veneno de una rana suramericana se encontró una sustancia que es más potente que la morfina para calmar el dolor. Una variedad de maíz silvestre descubierto en México, parece ser más nutritivo y resistente a las plagas que las variedades cultivadas.
[b]Langue de Boeuf[/b]
Un caso interesante ocurrió en nuestro país hace unos años. Un botánico dominicano trajo de Haití semillas de Langue de Boeuf (Clavija domingensis), una especie endémica de nuestra isla pero que crece del lado haitiano. Sembramos una plantita en los jardines del Museo Nacional de Historia Natural, donde todavía se conserva en toda su magnífica esbeltez.
¿Por qué este afán de conservar una planta silvestre y desconocida? Simplemente, porque una planta que sólo existe en una región de una pequeña isla merece sobrevivir, ya que si se extingue, desaparece para siempre la posibilidad de explorar sus misterios recónditos. Lo que ocurrió unos años después confirmó la certeza de esta estrategia. Del Jardín Botánico me llamaron preguntando por el origen del ejemplar que yo había sembrado. Este súbito interés surgió porque unos empresarios europeos del negocio de floristería, que vieron una hoja de esta planta, la encontraron excelente para arreglos florales y estaban dispuestos a comprar todas las hojas que pudiéramos venderles. Ignoraban estos señores que en el país sólo existían entonces seis ejemplares de esa planta: la del Museo y cinco que tenían en el Jardín Botánico.
[b]Reproducción en el Jardín Botánico[/b]
Felizmente, los técnicos del Botánico han logrado reproducirla con éxito y cuentan con muchos ejemplares que servirán para futuros proyectos de repoblación. La moraleja es obvia: sin la intervención oportuna del Jardín Botánico, esta planta podría desaparecer llevándose con ella la posibilidad de una agroindustria generadora de empleos y divisas.
La implementación de proyectos de conservación de la biodiversidad es impostergable en países como el nuestro, dada la fragilidad de los ecosistemas isleños y la gran cantidad de especies endémicas que de ellos depende.
[b]La biodiversidad[/b]
El concepto de biodiversidad incluye, además de la vida silvestre, los animales y las plantas domésticos, cuyos ancestros llegaron a nuestra isla hace 500 años y poseen una riqueza genética que debemos conservar. Los pollos criollos, los puercos cimarrones, las variedades tradicionales de aguacates y mangos, aunque en la actualidad tengan poco valor comercial, son portadores de rasgos genéticos que algún día podríamos necesitar. Una contribución importante a la conservación de ese componente de la biodiversidad sería la vacunación anual de las aves de corral de nuestros campesinos.
Es innegable que la conservación de la biodiversidad no es una estrategia romántica concebida por ilusos opuestos al desarrollo. Por el contrario, es la única forma de aprovechar los recursos de flora y fauna sin agotarlos.
¿Por qué este afán de conservar una planta silvestre y desconocida? Simplemente, porque una planta que sólo existe en una región de una pequeña isla merece sobrevivir, ya que si se extingue, desaparece para siempre la posibilidad de explorar sus misterios recónditos. Lo que ocurrió unos años después confirmó la certeza de esta estrategia. Del Jardín Botánico me llamaron preguntando por el origen del ejemplar que yo había sembrado. Este súbito interés surgió porque unos empresarios europeos del negocio de floristería, que vieron una hoja de esta planta, la encontraron excelente para arreglos florales y estaban dispuestos a comprar todas las hojas que pudiéramos venderles. Ignoraban estos señores que en el país sólo existían entonces seis ejemplares de esa planta: la del Museo y cinco que tenían en el Jardín Botánico.
[b]Reproducción en el Jardín Botánico[/b]
Felizmente, los técnicos del Botánico han logrado reproducirla con éxito y cuentan con muchos ejemplares que servirán para futuros proyectos de repoblación. La moraleja es obvia: sin la intervención oportuna del Jardín Botánico, esta planta podría desaparecer llevándose con ella la posibilidad de una agroindustria generadora de empleos y divisas.
La implementación de proyectos de conservación de la biodiversidad es impostergable en países como el nuestro, dada la fragilidad de los ecosistemas isleños y la gran cantidad de especies endémicas que de ellos depende.
[b]La biodiversidad[/b]
El concepto de biodiversidad incluye, además de la vida silvestre, los animales y las plantas domésticos, cuyos ancestros llegaron a nuestra isla hace 500 años y poseen una riqueza genética que debemos conservar. Los pollos criollos, los puercos cimarrones, las variedades tradicionales de aguacates y mangos, aunque en la actualidad tengan poco valor comercial, son portadores de rasgos genéticos que algún día podríamos necesitar. Una contribución importante a la conservación de ese componente de la biodiversidad sería la vacunación anual de las aves de corral de nuestros campesinos.
Es innegable que la conservación de la biodiversidad no es una estrategia romántica concebida por ilusos opuestos al desarrollo. Por el contrario, es la única forma de aprovechar los recursos de flora y fauna sin agotarlos.
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