Cambia, todo cambia

Desde diciembre del año pasado, cuando consultamos en línea el Diccionario de la lengua española de las Academias, accedemos desde nuestros dispositivos a la versión más reciente de este diccionario cuya última publicación en papel se remonta a 2014. Esta nueva versión electrónica incorpora todo el trabajo que las academias han venido haciendo durante el año 2017. Recuerdo que en un hermoso viaje en tren a Cádiz en mayo repasé todas las acepciones del DLE que contenían la palabra mujer, buscando eliminar, en la medida de lo posible, cualquier matiz ideológico machista en las definiciones.

Cuando un diccionario se revisa, que es siempre en el caso del DLE, el protagonismo suelen acapararlo las adiciones de voces o acepciones. La revisión de un diccionario tiene otras dos consecuencias que suelen pasar inadvertidas: enmiendas, que corrigen lo que se considera erróneo o mejorable, y supresiones de voces o acepciones.

La versión que tenemos ahora a nuestra disposición incorpora 3,345 modificaciones (adiciones, enmiendas y supresiones). Las Academias no dejamos de actualizar el diccionario. Ya tendremos oportunidad de acercarnos en la Eñe a algunos de estos cambios. Este trabajo incesante e incansable y el respeto que ha sabido granjearse el diccionario académico entre los hablantes hacen que en 2017 las consultas en línea ronden los mil millones.

Simultáneamente trabajamos en un proyecto ambicioso y revolucionario que culminará en la 24.ª edición del Diccionario de la lengua española; un diccionario que ya no saldrá en papel pues, desde su misma concepción y estructura, está diseñado para ser un diccionario digital. La lengua cambia, los diccionarios cambian, los tiempos cambian; y nosotros cambiamos con ellos. Como cantaba la inmensa Mercedes Sosa, «Y así como todo cambia, que yo cambie no es extraño».

@Letra_zeta

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