En nuestras aulas

Volvemos a clase. La rutina escolar se despereza en las calles y en los planteles escolares. Las mascotas, la madera y el grafito de los lápices huelen a nuevo. Los zapatos relucientes aún no se han acomodado a los pies, ni los pies a los zapatos. Los uniformes todavía quedan bien, aunque por poco tiempo; en un par de meses todos los pantalones serán brincacharcos.

Más allá del regreso a la vida diaria de la jornada escolar no debemos olvidar que en cada aula de este país se sientan los nuevos ciudadanos, los candidatos y los votantes, los que manejarán los carros en las calles y los que regularán el tránsito, los que generarán las noticias y los periodistas, los empleados de cada empresa, sus gerentes y sus usuarios; en cada aula se están formando los nuevos escritores y, sobre todo, los nuevos lectores; se están formando los que serán padres y los que serán maestros de las nuevas generaciones.

Prueben a verlo bajo esta luz y comprobarán la intensidad y la trascendencia de la responsabilidad que asumimos todos los ciudadanos cuando hablamos de educación. Y en el vértice de la educación está la formación, la evaluación, la valoración y la compensación adecuada de los maestros.

El sustantivo alumno procede del verbo latino alere ‘alimentar’. Si repasamos las acepciones de alimentar en el DLE, además de la primaria ‘dar alimento a un ser vivo’, sabremos que significa ‘suministrar la energía para el funcionamiento de un aparato’, ‘mantener, fomentar o satisfacer un deseo, un sentimiento o una idea’, ‘servir para que algo se mantenga vivo o incremente su intensidad’.

Tengamos siempre presente que la educación, la formación y la cultura sirven para dar a nuestros niños y jóvenes la energía vital que fomenta su capacidad de análisis, que satisface su curiosidad y sus deseos de saber. Tengamos siempre presente que en nuestras aulas se está gestando el futuro.

@Letra_zeta

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