Tormenta de verano

Érase una vez en que los largos y tórridos veranos españoles solo se veían sacudidos por algún que otro fichaje futbolístico. Este verano la responsable ha sido una decisión de la RAE. La ha liado el acádemico Pérez-Reverte por adelantar en Twitter que la Academia va a «aceptar» que el imperativo de segunda persona del plural del verbo ir se pueda conjugar como iros además de en su forma normativa idos.

Lo de las Academias es como una condena. Si proponen cómo hay que decir las cosas son clasistas, anticuados, puristas, dinosaurios, carcamales y qué sé yo cuántas cosas más; si documentan usos establecidos hace mucho tiempo, incluso entre personas cultas, son facilones, blandengues, traidores, suma y sigue. La cuestión es que nunca llueve a gusto de todos.

Hace tiempo que las Academias tratan de transmitir a los hablantes que su papel no dista mucho del de notarias de la lengua y, en todo caso, de orientadoras de aquellos hablantes, y solo de esos, que quieran ser orientados; son los hablantes los que mandan y, en última instancia, los responsables del buen uso o de la ruina del idioma.

Muchos de esos que cuestionan acremente el papel de las Academias son los que, como bien dice mi colega paisana, por filóloga y por sevillana, Ana Parrilla, son los que después ponen la coma entre sujeto y predicado o, añado yo, se olvidan de la coma del vocativo.

Y no olviden que es un detalle gramatical que solo afecta al español de España, y solo en parte, porque en América cuando tenemos que mandar a algunos a alguna parte nos despachamos con un ¡váyanse!

@Letra_zeta

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